Hoy tuve un orgasmo
ecológico. De esos que me dan cuando descubro nuevos lugares. Quería hacer mis
10K en un lugar diferente al Parque del Este y anoche, investigando, descubrí
que muchos maratonistas recomendaban entrenar en el Cortafuegos. Al principio
me dio algo de pena no conocer este lugar, y para no seguir en ese estado
vergonzoso me dispuse a cambiar la situación.

A medida que iba avanzando por
esta autopista quedé fascinada con los patineteros que han tomado esta parte para
practicar. Pasaban a mi lado como ráfagas de aire, haciendo una que otra
pirueta, o simplemente un poco agachados sobre su patineta y dejándose llevar
por la velocidad. También puede observar que en uno de los puentes un grupo tenía
unas cuerdas suspendidas.
Caminé cerca de un kilómetro
hasta la entrada de Chacaito y comencé el ascenso por el cortafuegos, un camino
empedrado y muy inclinado. Es bastante fuerte. Reconozco que las piernas me
temblaron y que imaginé que todo el caminó iba a ser así, me preguntaba si
comenzar a trotar o seguir caminando. Decidí dejar el desespero y poner en práctica
la segunda opción.
Luego de
aproximadamente 20 minutos llegué al puesto de guardaparques de Chacaito. Aquí
puedes recoger agua de una de las tuberías.
La ruta desde ese punto hasta
Loma de Viento es de 6 kilómetros, y el camino se veía más o menos plano
(gracias a Dios). El cortafuegos está a unos 1100 metros de altura. Había leído que en el puesto del guardaparques
había una virgen pintada de dorado, pero preferí continuar mi recorrido y verla
a mi regreso, ya que para poder hacer los 10K (ahora 12K) tenía que ir y
volver.
Cuando comencé a trotar me
llené de una energía diferente. A medida que avanzaba me encontraba gente
sonriente y de pronto ¡Dios! Ahí estaba mi Caracas en la más perfecta vista. Sederos
con curvas, al principio de tierra y otros tantos empedrados, rodeados de una
vegetación densa y húmeda, absolutamente fabulosa para no sofocarse por el
calor del sol.
En algunas partes del recorrido,
cuando no puedes ver la ciudad, te sientes en medio del bosque; porque a pesar
de ser un sitio maravilloso no está abarrotado de gente como Sabasnieves o La
Julia, así que tienes momentos muy ricos de soledad, aunque sean 5 segundos, solo
tú con la naturaleza.

Casi en la mitad de la ruta
hay una gente que vende heladitos, por si quieres recargar energías. También
hay un cartel que te indica que Loma de Cuño y Papelón lo puedes subir hacia la
izquierda por un cortafuegos superempinado pero corto, o seguir derecho hacia
Loma de Viento en San Bernardino. En esta parte la gente se sienta a descansar
y disfrutar de la vista. Yo decidí continuar.
Corría y sentía como un
masaje en mis pies (así de emocionada y extasiada estaba). Algo muy curioso y
que vine a comprender hacia el final fue el tema de los kilómetros. Estos
estaban pintados en el suelo o en alguna roca con números negros sobre un
recuadro blanco, y a medida que yo trotaba notaba que estos iban en cuenta
regresiva. Para mi emocionante, porque me sentía en un 31 de diciembre a punto
del cañonazo, era una prueba de mi resistencia.
El cortafuegos es algo así
como el Edén. Como dije, la mayoría te regalaba una sonrisa, y luego un par de
niñas estaba jugando a algo muy divertido, a quién le daba los buenos días a la
mayor cantidad de personas. Sin duda para sonreír de nuevo.
Cuando llegué a Loma de
Viento fue el clímax total, aunque debía guardar energías para el regreso. Pero
al fin y al cabo esta era una ruta exploratoria, ya me había parado, solo por
unos segundos en algunas partes, a hacer foticos y tomar agua.
Una señora me preguntó si
quería una foto. Ella se llama Norys y tiene 40 años subiendo el Ávila. Comenzó
a interrogarme sobre las rutas:

Norys fue Boy Scouts y se
conoce el Ávila de punta a punta. Ahora sube con un grupo de amigas y hacen
distintas rutas: “¿Sabes? Yo subo todos los días, vivo por aquí cerca, yo me
conozco todo el Ávila, pero lo sigo haciendo por mantenimiento. ¿Te has
inscrito en algún maratón? ¿No? ¿Pero qué estás esperando? Si te gusta, ¡hazlo!”.
Sin duda toda una motivadora
estrella. Intercambiamos números y me dio algunas orientaciones. “Si subes con
nosotras serías la más muchachita”, se despidió.

Me regresé trotando. Sí. Y,
sorprendentemente, con más energías. Ahora los kilómetros iban en cuenta
ascendente y entendí. Es que empecé por el final. Reí fuerte y libre.

Descanse un rato a sus pies
para retomar el camino empedrado hasta la Cota Mil, el TransChacao y el metro
hasta mi casa, satisfecha por haber conocido esta nueva ruta. Todo el recorrido
desde Sabasnieves hasta Sabasnieves fueron 2 horas 40 minutos y 1248 calorías
menos. Felicidad total.
3 comentarios:
Excelente señorita.
Que bueno que hayas pasado por aquí y que fino que te haya gustado. Un abrazo.
Excelente! Lo voy a intentar
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