
Para esta aventura, Luisanna fue la encargada
de convocarnos a Fefy y a mí, y las dos aceptamos gustosas. Y algo me quedó
bien claro. Una cosa es trotar y otra subir montaña, aunque admito que hoy me
fui igualito a las 5am a trotar al Parque, y con más resistencia que el último
día.
Así que el domingo 15 de junio de 2014 nos encontramos bien
temprano con los chicos de Excursiones Ávila, en la estación del metro La
Hoyada. Era un grupo de aproximadamente 30 personas. Joel Liendo, uno de los
miembros de Excursiones Ávila, nos esperaba con su típica gorra verde
fluorescente, distintivo de la Fundación.
Caminamos hasta la redoma frente a la Iglesia
Sagrado Corazón y un bus pasó por nosotros. Nos bajamos en el puesto de la
Guardia Nacional, Escuadrón Montado, en San José de Cotiza, y en cambote nos
fuimos hasta la entrada del Parque Nacional Waraira Repano.
Lo primero que debo decir es que para subir
por este acceso del Ávila prácticamente hay que tener todos los sentidos
activados, especialmente la vista y el oído. Los jeeps marchan a toda velocidad
por lo empinado de la carretera y hay que estar muy pendientes de no apartarse
del borde. Fefy puede dar fe de ello, ya que defendió nuestros derechos ante un
jeepsero.
A medida que íbamos subiendo la carretera era
más empinada, la vista hermosa, y el clima excelente. Nos encontramos con
nuestro primer reto: la Pica de la mona. ¿Cómo subirla? Su nombre lo indica.
Nos faltaron fueron las bananas para completar la escena. Antes de escalar esta
parte, Joel aprovechó para darnos ánimos y decir que todos lo lograríamos pero
que si alguno se sentía mal se detuviera: cada quien a su ritmo.
Como bien dice en la página de Excursiones Ávila
todas sus excursiones “son para el disfrute de los participantes, no para
competir, la idea es desconectarse de la rutina y pasar un día distinto”. Para
esto cuentan con un guía al principio, uno intermedio y uno al final, todos en
constante comunicación por radio y ninguna persona es despreciada ni descartada
por su condición física. En esta ocasión tuvimos dos guías Joel y Noelys
Medina.
Sin duda esto anima.
Cuando Joel terminó de hablar vimos hacia
arriba: pura piedra.
De
Pica de la Mona hasta Galipán
Más de uno se detuvo para agarrar aire, pues
el esfuerzo físico es demandante. Lo gracioso es que por este sendero rocoso se
corta camino. También trabajas absolutamente todas las partes de tu cuerpo. Un
vez que llegas a la cima, de la primera parte de la pica, te sientes feliz y
sudado; al pasar la segunda parte, realizado y más sudado.
Ya en Clavelitos hay un pequeño gimnasio, con algunas pesas y estructuras, en menor cantidad de las que encontramos si subimos El Ávila por Sabasnieves o La Julia. También hay un chorrito donde puedes recargar agua y un negocio donde puedes comprar cambures, unas frondosas fresas o algún snack para recargar las baterías; aunque sinceramente la vista que tenemos de Caracas, desde ese punto, es la mejor hidratación.
A partir de Clavelitos cada una siguió a su
ritmo, retándose en cada curva, en cada subida. Durante todo el trayecto el
camino pavimentado estuvo bordeado de abundante vegetación, recordándonos dónde
estábamos. Los jeeps nos pasaban por el lado y la gente nos veía con cara de “qué
están haciendo estos locos”. De vez en vez un corrientazo en la pantorrilla, siempre
la camisa empapada en sudor, y muchos momentos en solitario para reflexionar
sobre la vida o para darnos palmaditas de felicitación. En todo caso las vistas de la ciudad nos indicaban cuán
alto estábamos y lo hermoso que es nuestro país.
Llegamos a Boca de Tigre. Todo un logro. Un
jugo de mora fue el premio. Y finalmente, cuando llegó Fefy, con rodillera y
palo en mano, nos sentimos más orgullosas aun. Ella bromeaba: “Esos carteles de
curva mega pronunciada, curva peligrosa, cuidado que morirás, no me animaban
mucho”. Lo cierto es que yo tenía su celular y eso fue un incentivo más. “No
puedo quedarme incomunicada, asi que debo seguir subiendo”, se decía así misma.
Todavía la ruta no terminaba, faltaba llegar
a Galipán, pero esta parte nos la tomamos relajadas. Ahora juntas, nos hicimos
fotos y disfrutamos de la vista al mar, del Hotel Humboldt allá en lo alto,
rozado por la neblina o de las torres del antiguo sistema teleférico sobresaliendo
de entre la vegetación. Disfrutamos de la amabilidad del señor del puesto de flores
que nos invitó a pasar por un lado de su casa para que tomáramos más fotos.
Es impresionante todas las maravillas que
podemos encontrar caminando esta montaña y la cantidad de personas preocupadas
por su conservación. Por ejemplo Excursiones Ávila lleva un proyecto que se
llama "Un cariño para mi montaña", el cual tiene como objetivo la
promoción de la conservación, defensa y recuperación del mundo natural en nuestros
parques nacionales, monumentos naturales y parques de recreación.
Ya en Galipán una fresa con crema y unos
melocotones fueron el segundo premio. Regresamos felices, con una nueva
historia para contar, 1083 calorías menos y motivadas para el próximo entrenamiento
porque para Naiguatá nos vamos.
Pelos
y señales:
2 comentarios:
Guao, mejor narración imposible que bueno saber que llega el mensaje en mano de Excursiones Avila, querer, conectarse, admirar nuestras naturaleza; mientras nos ejercitamos ese es nuestro proposito..Gracias por su participación y danos esta energía positiva de partes de ustedes..
Gracias por tu comentario Noelys y por organizar este tipo de actividades. Uno comienza la semana repotenciado. Un abrazo.
Publicar un comentario