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domingo, 6 de diciembre de 2015

Subir la montaña con lo necesario

No crean que no he subido a mi montaña. Al contrario, transitar sus caminos me ha brindado toda la paz que necesito por estos días de cambios. Sus verdes vibrantes, sus amaneceres y atardeceres me fortalecen y llenan de vitalidad para continuar investigando sobre esas realidades invisibles para muchos. Ya casi finalizo mi curso de baja y media montaña y no puedo más que agradecer. El fin de semana del 14 y 15 de noviembre acampamos en el Pico Naiguatá y al día siguiente recorrimos toda la Fila Maestra: La Julia – Mirador El Edén – Dos Banderas –Topo Göering – El Cruce – Anfiteatro – Pico Naiguatá – Fila Maestra – Lagunazo – Hotel Humboldt. Aún estoy contando los kilómetros y lo simbólico que fue hacer esta travesía, especialmente la Fila Maestra y llegar a nuestro punto final con la luz del día. El domingo pasado hicimos una ruta muy exigente, nuestro tercer chequeo físico: Cachimbo – Piedra del Indio – Cabeza de Elefante – Cruz de los Palmeros–Pico Oriental – La Silla – Sabas Nieves. Un recorrido de 12 kilómetros con una altura máxima de 2640 msnm, que es lo que mide el Pico Oriental, y se puede hacer en 8 horas. El chequeo era hasta la Cruz de los Palmeros con un tiempo máximo de 3 horas 30 minutos y yo hice 3 horas.  Ayer nos fuimos a correr a la playa: Camurí chico (Macuto) – Playa Caribito- Camurí chico.  Fueron 7 (calurosos) kilómetros donde pudimos medir nuestra resistencia, soportando el vaporón y los latigazos solares. Afortunadamente siempre el señor Caribe con su brisa marina está ahí para darnos una palmadita.  Y el día más importante de todos fue el martes, ya que me fui a mi segundo encendido de la Cruz del Ávila a pedir mi deseo. Muchas rutas por escribir para compartir con ustedes, muchas cimas espirituales para conquistar, porque durante estas semanas he aprendido más que nunca que “cuando vas a subir al monte preparas tu cuerpo y las cosas que vas a llevar, eligiendo las que quieres cargar y las que dejas porque no necesitas, subes con lo necesario”.

martes, 22 de julio de 2014

Ruta #5: Mausoleo del doctor Knoche

Para algunos el doctor José Gregorio Hernández de La Guaira y para otros un médico loco que embalsamaba cuerpos. La atmósfera que rodea la historia del doctor Gottfried Knoche está cargada de muchas anécdotas, algunos mitos y unas cuantas controversias.
Este médico alemán nació en 1813, llegó a Venezuela después de 1842 y murió en 1901. Construyó su hacienda Buena Vista en medio del Ávila. Y se dice que quien tiene la fórmula que el utilizaba para embalsamar a sus muertos es la familia encargada de preservar a los Papas.
Fue un científico avanzado en una sociedad atrasada, donde todo lo que no se conocía era tildado de brujería. Y este par de amigas estaban dispuestas a descubrir algunas de las interrogantes que giran en torno a este hombre y su vida.