El sudor del hielo se derrama en los océanos.
Un sudor salado, caliente, azul. A los perros les cuesta arrastrar su pesada
existencia sobre la alfombra gélida. Los narvales llegan tarde y las focas se
hunden más. Una isla se parte en pedazos, una gente queda envuelta bajo la
perpetua luz estival. Los glaciares se desaguan. Seguimos asombrados. Seguimos
señalando a quienes abrieron las rendijas que el sol no solía penetrar.
