Dieciséis días antes de morir su padre
lo llamó y le dijo: “Hijo me muero. Aunque sea quédate con algo”. Pedro salió
corriendo, buscó un cuaderno y un lápiz, y regresó al regazo del anciano quien
comenzó a dictarle oraciones para curar la nobara (enfermedad)
El
padre de Pedro era wisidatu (dueño del dolor), el chamán o sacerdote étnico que
sirve de mediador entre su pueblo y el jebu (espíritu malo). No le gustaba que
lo llamaran brujo sino curandero. Él conocía el secreto de las plantas y cómo
se utilizaban.Los warao siempre lo buscaban. Llegaban a medianoche y Pedro se
preguntaba: “¿Será que a mi papá le pagan?”. No le pagaban. Pero mientras
sanaba al enfermo, la madre de Pedro cocinaba un menjurje de matas que ayudaban
a aliviar el dolor.
Un día el jefe de la
comunidad reunió a un grupo de wisidatu, entre ellos estaba el padre de Pedro,
porque se estaba muriendo mucha gente y no encontraban la causa. Y comenzaron a
sonar el jebumataro o marimataro, una maraca utilizada para las curaciones. Las
piedras que están dentro son cuarzos que ahuyentan a los jebus. Algunos
sanaron. Pero muchos tenían la jebu sabana, que son enfermedades que vienen de
afuera, y murieron, especialmente niños que tenían fiebre, diarrea y vómitos.
