¿Cómo estar adentro y afuera? Ese fue el
experimento de noviembre. Yo la ardilla correteando en la selva subterránea con
un cordón amarrado a la pata. A veces la responsabilidad tiraba tan fuerte de
la cuerda que el jamaqueo aturdía, otras veces se distendía tanto que podía caminar
hasta las profundidades de aquellas cascadas de agua, buscar la sonrisa en la
roca de la montaña, su humedad feliz, y cómo costaba volver, pero volvía, volvía
a levantarme de la cama para volver a empezar.
