—Qué flores tan bonitas— dije al ver unos lirios
anaranjados sembrados en un matero que estaba al frente de una casa.
De pronto salió un señor de la casa.
—¿Tienen bastón?— nos preguntó.
Teníamos 12 días haciendo el Camino de Santiago,
pero era nuestro primer día en la ruta del Camino Primitivo, la senda del
primer camino conocido, la que tomó Alfonzo II El Casto, en el siglo IX, para
visitar la recién descubierta tumba del apóstol Santiago. Las primeras semanas
las habíamos hecho por la ruta del Camino del Norte, ya que son muchos los
senderos para llegar hasta Santiago de Compostela.
Durante todo ese tiempo habíamos caminado sin
bastón. No nos parecía tan necesario, así que le respondimos con la mayor
naturalidad que no teníamos. El hombre nos hizo una señal para que lo
acompañáramos y abrió el garaje. Al fondo se podían ver decenas de bastones
recostados.Agarró dos y nos los entregó.