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viernes, 3 de noviembre de 2017

Francisco


—Qué flores tan bonitas— dije al ver unos lirios anaranjados sembrados en un matero que estaba al frente de una casa.
De pronto salió un señor de la casa.
—¿Tienen bastón?— nos preguntó.
Teníamos 12 días haciendo el Camino de Santiago, pero era nuestro primer día en la ruta del Camino Primitivo, la senda del primer camino conocido, la que tomó Alfonzo II El Casto, en el siglo IX, para visitar la recién descubierta tumba del apóstol Santiago. Las primeras semanas las habíamos hecho por la ruta del Camino del Norte, ya que son muchos los senderos para llegar hasta Santiago de Compostela.
Durante todo ese tiempo habíamos caminado sin bastón. No nos parecía tan necesario, así que le respondimos con la mayor naturalidad que no teníamos. El hombre nos hizo una señal para que lo acompañáramos y abrió el garaje. Al fondo se podían ver decenas de bastones recostados.Agarró dos y nos los entregó.