Para
cruzar la estancia era preciso ir como cántaro vacío. Solo así la llaga tendría
alivio. Sude de fiebre, culpa y olvido. Me elegí abandonándome de ella. Me
cansé de lanzar quejas al bosque que me las devolvía eco. Ojalá te rindieras
ante el deseo grotesco de llevarnos contigo. No me pidas con la boca llena. Yo
no quiero locura ajena. Ayúdame.
