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miércoles, 16 de marzo de 2016

Excursiones misioneras: viaje al fondo del delta del Orinoco


Recientemente leí en una crónica esta frase: “El turista nunca sabe dónde estuvo; el viajero nunca sabe a dónde va”. Les cuento esto porque cuando vas en una curiara a motor por el Delta del Orinoco uno no deja de asombrarse de tanta belleza junta. El cielo, los caños, los manglares, los moriches, los palafitos, nuestros hermanos waraos, todo en un perfecto contraste. Pero si profundizas, si preguntas, si te empapas, verás que todo lo que brilla no es oro, verás cómo tanta belleza junta también guarda muchas de las desgracias de la humanidad. Enfermedades que van destrozando la vida de los indígenas waraos. Algunas muy visibles como la escabiosis noruega, la desnutrición y la tuberculosis. Otras de muerte lenta y silenciosa como VIH-SIDA.
Como el viajero de la frase yo pensaba que no sabía a dónde estaba yendo, pero con este viaje descubrí que estaba visitando uno de los lugares más olvidados por los gobiernos de turno. Fueron ocho días los que estuvimos en San Francisco de Guayo, una comunidad fundada como centro misional por los padres capuchinos en 1942, y a la que, posteriormente, llegaron las hermanas terciarias capuchinas en 1951.

viernes, 6 de febrero de 2015

Enrique Gutiérrez: “En los escenarios un tramposo, en las mesas de juego un caballero”

 Mago, animador de televisión y empresario, “El Gran Henry” es el nombre de la magia en Venezuela. Conocido por más de 3 generaciones, se considera el padre, directa e indirectamente, de los magos

Que transformó a una persona en un oso de 350 kilogramos. Eso es lo que cuentan. Que su primer truco fue masticar, tragar y devolver tres nueces enteras. Eso es lo que recuerda. Que sus ojos se llenan de brillo cada vez que habla de magia y sus papilas gustativas se activan cuando escucha la palabra mondongo. Es su cotidianidad. “Antes de venir dejé grabando los partidos de fútbol, ojala no me entere de los resultados”, comenta el hombre que le va a un equipo de cada país. Hoy no está vestido de “El Gran Henry”. Lleva una camisa de cuadros y un pantalón, que a menudo sube. Su mirada permanece detrás de dos cristales sin pasta. Hoy es Enrique Gutiérrez o tal vez parece serlo.
En 1958 Pérez Jiménez salía de Venezuela y Enrique Gutiérrez llegaba, de la mano del animador Víctor Saume, de un lugar de La Mancha, llamado Puertollano. “El Gran Henry”, nombre que empezó a usar desde pequeño, decide quedarse y empieza a conquistar las pantallas venezolanas. Renny Ottolina, Gilberto Correa, Amador Bendayán, son algunos de los personajes con los que compartió escenario. Ha representado a Venezuela en numerosos festivales internacionales y actualmente imparte cursos en sus tres tiendas: “La Casa Mágica”.

jueves, 29 de enero de 2015

Gonzadera con Gonzo

Hoy Gonzo está preocupado. Ni el mate que tomó en la mañana ni llegar temprano a la presentación lo han relajado. Quizás para calmar la ansiedad camina con sus chalupas negras alrededor del escenario de concreto, recoge un par de papeles, una lata de refresco y los bota en la papelera. También puede ser porque es muy meticuloso con todo lo referente a su acto. Habla con las personas de sonido, con la moderadora del evento, mira a su alrededor y hace mover las barreras rojas que rodean el lugar, porque ante todo es un hombre de contacto. De todos modos Gonzo está preocupado: “El público del boulevard de Sabana Grande es bastante complicado”. Se refiere a que hay que mantenerlos enganchados, entretenidos y hacer que participen, de otra forma se irían por donde vinieron.
Transcurridos unos minutos el espacio se empieza a llenar de mujeres con bolsas de zapatería, niños con cotufas, hombres con cascos de motos y jóvenes con celulares. Todos aguardan debajo de los generadores de sombra, seis toldos blancos en forma de pétalos de flor con base alargada, que hoy son el techo de una carpa invisible.
Primer intento
—¡Buenas! ¿Qué tal? Mi nombre es Gonzo. ¿Cómo se llaman?—sale a escena rápido, eufórico, con su maleta.
Nadie responde.
—Cheeeee. ¿Acaso son una congregación de sordomudos?—bromea y es inevitable que se escape la ironía que lo caracteriza.