Voy nadando en las pisadas de mi abuela. A
veces me hundo en mi mundo abisal, pero como tengo miedo de tocar fondo braceo
con fuerza y salgo a la superficie. No sé para qué lo hago, porque cuando el
sol me da en la cara, respiro y no veo la orilla de arena extendida, me siento
perdida. El mar se ha vuelto tan profundo. Lejanas las tierras de otros continentes.
