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viernes, 11 de octubre de 2019

Gran Sabana



Y vuelvo a ti dolorosa, embriagada, saqueada, triste, manoseada, cercada Gran Sabana. Y me cuesta escuchar el idioma de brisa de las hojas y los cantos de los grillos, sapos, pájaros. Hay un luto verde suspendido en este territorio. Un lamento que sacude los cuerpos desde el 22 de febrero de 2019, el 8 de diciembre de 2018, desde hace mucho tiempo atrás. Llanto que llora a sus muertos, llanto que se junta con las lágrimas de los que atraviesan por primera vez la sabana para salir de Venezuela, sus ojos se conmueven ante tanta belleza y el duelo que los empieza habitar sale como cascada para juntarse con estos nuevos paisajes.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Agosto 2019



Agosto inició con una gripe que bajó todas mis defensas y me tendió en una cama (siempre me enfermo cuando termina el primer semestre del año) Encierro y gripe me lanzaron nuevamente a Paula, una novela de Isabel Allende (para mí, un diario).

Cuando Paula, la hija de Isabel Allende, cae enferma, la autora decide escribirle una carta: “Estaba segura de que mi hija iba a despertar, pero suponía que tal vez no recordaría su pasado y yo tendría que contárselo. Me propuse explicarle de dónde venía, cómo era su familia, quiénes éramos los que la amábamos, empezando por su marido, Ernesto”.

Me percaté que había empezado a leer este libro en julio pero lo dejé. Para qué me voy a poner a mirar algo triste, ya tengo suficiente, me dije.

En agosto ya estaba sumergida en la historia, leía durante horas.

viernes, 16 de agosto de 2019

Divisas


La primera vez que lo vi en mi país fue en una librería. Hacía la cola para pagar un libro y un hombre tenía en sus manos un billete de 20 dólares. “Ella me anotó por ahí, busca mi nombre”, le decía al encargado de cobrar porque la empleada anterior se había marchado.
La segunda vez fue en una panadería. Un viejito compraba un kilo de queso y unos panes y pagó con dólares. Le dieron vuelto.
La tercera vez estaba caminando por Bellas Artes. “Súbanse, súbanse”, gritaba un ayudante de chófer. Entre la paca de billetes que tenía en sus manos también tenía verdes.
La cuarta fue en una cesta de una Iglesia. La ofrenda navegaba como una mancha verde fluorescente entre tanto patriota muerto.

lunes, 5 de agosto de 2019

Julio 2019


Voy nadando en las pisadas de mi abuela. A veces me hundo en mi mundo abisal, pero como tengo miedo de tocar fondo braceo con fuerza y salgo a la superficie. No sé para qué lo hago, porque cuando el sol me da en la cara, respiro y no veo la orilla de arena extendida, me siento perdida. El mar se ha vuelto tan profundo.  Lejanas las tierras de otros continentes.

lunes, 8 de julio de 2019

Junio 2019


Junio me montó en su lomo, desplegó sus alas y comenzó a volar.Me agarré fuerte de las riendas pero no tuve cuidado con el cuerno que salía de su frente.El viento me despeinó y una humareda de polvo me envolvió cuando caí y raspé mis rodillas. Galopando sobre mi caballo de nubes.Mi vida delante de mí. Galopando. Mi vida detrás de mí.

sábado, 29 de junio de 2019

El diablo anda suelto...




El impulso de la promesa nos lanzó a Yare. No habían pasado 24 horas de haberme bajado de un avión procedente de Ciudad Guayana, pero me dije (nos dije): hace cuatro años nos prometimos conocer una cofradía distinta cada año, llevamos 3 (Naiguatá, Chuao, Yare) son 11, ya lo sabes, 11 años, y en el acto me miraste como si estuviese delirando (casi siempre lo haces, luego sonríes, luego me acompañas)
Este año el plan era Canoabo, porque hace rato que quiero conocer las tierras de Gerbasi, oler cacao, mirar montañas. Pero no pudimos (que si el efectivo, que si el traslado, que si el caos que tanto te asusta). No importó. Con 4 mil bolívares, 2 arepas y 1 litro de agua, nos fuimos nuevamente a Yare (una cofradía distinta este año, porque todo es impermanente en esta vida) Agarramos el metro de Caracas hasta La Rinconada, el ferrocarril hasta Charallave Norte, el autobús hasta Yare.

domingo, 2 de junio de 2019

Querida Majo




Te imagino caminando en Perú, pensando que hace apenas unas semanas atrás había muerto tu padre y estabas aquí en Venezuela enterrándolo. Te imagino con la mirada sumergida entre tanto recuerdo. Te escucho diciéndome: “Pues bebé, es muy difícil recalcular el camino. Es un hueco enorme que siento y sentimos en casa. Ni siquiera me han salido palabras para escribir algo lindo”. Y continuas contándome: “(…) Mi papá venía de un proceso de recuperación lento pero seguro, y se le mezclaron dos cosas que le causaron esto, así que no estaba previsto en el panorama todavía. Menos cuando ya había superado el cáncer y todo”.

No estaba previsto.

“La vaina es que el cuadro se manifestó de golpe y mi papi no aguantaba una diálisis. Ni iba a aguantar y tampoco la quería, y eso lo repitió muchísimas veces. Así que bueno, nos dejó demasiado amor y ahora tenemos que ver cómo hacemos con él”.

Demasiado amor.

Sigues caminando. Ahora me cuentas emocionada que encontraron una nota de voz en el celular de tu papá. Era para tu madre. “Su aniversario fue el 22 de marzo, él había grabado la nota de voz el 2 de marzo. Súper hermosa. La tenía escondida en un programa que ni siquiera mi hermano abre (…). Y ayer la estuve jorungando, la descubrí, se la puse a mi mamá y eso fue como un bálsamo. Vainas raras”.

Vainas raras.

domingo, 26 de mayo de 2019

Rafaela (III)


Cuando se sentaba con su autoridad aplastada en la mecedora que habíamos comprado durante uno de nuestros viajes, Rafaela parecía inmortal, la matrona más poderosa del mundo. Salvo por sus piernas casi siempre forradas de cataplasmas de sábila, menjurjes hechos de brandy y el cadáver de una serpiente (destinada a flotar por siempre en el líquido marrón), o de cualquier crema que oliera a mentol. Las varices nunca la dejaron descansar.

sábado, 4 de mayo de 2019

Abril



“Yo no tengo casa, dejé las puertas abiertas y se fue”.
Ana María Hurtado.

La oscuridad de marzo me vomita a un abril de sed derramada por las calles, azulejos muertos, atardeceres atrapados en la calima, temor de la feligresía de un domingo de ramos sin ramos (hasta las palmas se dolarizaron), y de otros domingos para seguir contemplando esa forma aplazada de muerte que es la demencia. Y en medio de toda esta vorágine, algo dentro de mí se mueve y me lanza a la casa que dejé:

Abro la puerta. Arrastro mis pies con pasos de placenta. Tengo miedo por lo que voy a encontrar. Veo las cajas. ¿Qué contienen? Libros de bachillerato, primaria, preescolar. Los ordeno. Lo segundo son los zapatos, meto la mitad en bolsas. No necesito más, ni siquiera la otra mitad. Hago un paneo del resto de las cosas. Es el primer día y salgo aturdida, con dolor de cabeza, pero prometo volver. Transcurre una semana.

lunes, 4 de marzo de 2019

Febrero



No me gusta la candela. Pero admiro a la mujer de las diez velas el día de la virgen de La Candelaria. El desafío de la cera que no se derrama en la madera.

Yo sé que la candela empieza cuando me siento en zazen y los pensamientos bullen: el hombro izquierdo se vuelve piedra, las hormigas salen por los dedos, el agua salada cae por mis senos, las lágrimas brotan inclementes.

La candela es el duelo que se sale por todas partes.

Candela también es la sangre que llega en luna llena, suerte de bruja cansada, que se da cuenta de los dones del ciclo menstrual: retirarse.

Candela, que el Ávila se quema y el oro se acrisola con fuego en la Gran Sabana. “Rafaela comunica este mensaje. La orden es matar, estamos huyendo montaña arriba”. Se escucha el pesado paso del soldado, del corrupto, del matón. Fuego de muerte, de miedo, de algo tan horrible, que hasta los tepuyes se doblan ante tamaña pena

¿Cómo le arrancan la vida al corazón?

No me gusta la candela pero en febrero te hice tu primera misa. Necesité seis meses. No quería que te nombraran ausencia, abuela Rafaela. Y el nudo entre el pecho y la garganta ya no fue solo por ti. Asarüpöpë innaechí (estamos de duelo)

¿Qué haré conmigo?

La noche sufre. Yo me salgo por sus fisuras, me encuentro de frente con el piano, la poesía, y los cuencos tibetanos.

No me gusta la candela, pero si quisiera algo de ella sería su baile febril, ardiente, para danzar sobre la tierra seca, con los ojos despiertos, y cantar la esperanza del primer ser humano frente al fuego.



viernes, 8 de febrero de 2019

Enero




Enero escribe su pinta. Enero soleado. Enero nublado. Enero calor. Enero frío. Enero de cielos azul intenso, con algún día de llovizna, con un arcoíris. Enero de incertidumbre, miedo, esperanza.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Diciembre



I
Cruzar la línea huyendo del hambre y la enfermedad. Encontrarte al otro lado arraigándote a lo que eres: wajibaka, janoko, yuruma, moriche, chinchorro, warao. A veces la distancia hace conocerte mejor. ¿Cómo viven los warao en Pacaraima? Resistiendo el más insoportable de los despojos. Y así se sientan “como árbol caído”, “como que vamos a canalete”,  nadie puede quitarles la raíz fundamental, su cultura, su idioma.
Raíz. Curación. Madre.
Raíz de los que se adaptan en nuevos territorios. Raíz que integra y no desplaza. Raíz que se prepara para convivir. En eso andan algunos warao por allá en Brasil, ya Dios les mandó a Jesús, Felipe, Peggy para que los acompañen, ya les contaremos más, pero hace falta mayor solidaridad.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Amazonas


I
Llegamos a ti por tierra. Sorteamos tres bombas de gasolina, vimos un camión cava repleto de bidones, “quédese calladita, póngase en un ladito y espere, sino no le van a echar”, le dijeron a nuestra compañera. Seguimos por la carretera agujereada, cansada de esperar. Nos montamos en la gabarra con la oscuridad sobre nuestras cabezas, mientras una parte del cielo se rasgaba amenazante iluminando las ondulaciones frenéticas del Orinoco. Si Venezuela fuera un rompecabezas, tu, Amazonas, estarías despegada por esa anchura líquida, agua paterna. Tú eres la pieza que no termina de cuajar, no porque no cuadres, sino porque te olvidan.

jueves, 11 de octubre de 2018

Septiembre




Sentada frente a una pared en zazen. Dejo que los pensamientos pasen como nubes en el cielo. Pasa una, pasa otra, se deforman, se aplanan, se acumulan. No me detengo en ninguno. No me aferro a ninguno. Diez minutos después mi pierna derecha deja de existir, es un pedazo de carne sin tonicidad, la sangre ha dejado de fluir. Me asusto. Van cuatro domingos así. ¿Qué hago yo aquí?

Vuelvo al momento presente. Me concentro en la respiración. Sudo mis escaras.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Rafaela (II)




Recordar vuelve el tiempo sagrado.
Kux loq´olaj ri qíj rumal ri na´tajisanem
(Rosa Chávez)

En septiembre te me moriste 30 veces, te enterré 30 veces. Los 18 años que viví contigo me atravesaron como relámpagos, segundos luminosos en medio de la oscuridad, pero yo me siento trueno y susto. Estoy triste. Un sueño me lo dijo y me volvió a enlutar. Ahora cualquier despedida es una excusa para llorar: el feminicidio de Mayell; un supuesto felino que se extinguió, aunque no me gusten los felinos; el párrafo suprimido del artículo porque si no arriesgo a la gente; el cabello que se sigue cayendo; otro pedazo de piel que dejé en las raíces de los árboles mientras corría; mi hermano diciendo “que mala suerte tenemos”; las veces que dijiste que querías viajar a ver a tus hermanos y nunca pudiste.

Ahora tengo una borrachera de pérdidas.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Agosto



1 y 2
En agosto grabamos las entrevistas para un cortodocumental sobre un decreto que tiene en vilo a los ríos, a la Amazonía, y a nuestra gente. Me dí cuenta de lo disponible que están mis compañerxs de causa, de sus miedos y sus esperanzas, que tambièn son las mìas. En ese interín escribí las pautas, cargué agua, preparé comida para el equipo, me caí por unas escaleras, soñé que mi abuela se moría, conté un montón de vallas de compra y venta de oro y plata, vi muchos atardeceres, y el último día del rodaje, me enfermé. Una puntada me atravesó hasta abajo. Y comenzaron a aparecer los amigos: Carlos Chirinos, Lucy, Rafa e Ignacio, que acompañaron mi dolorosa espera desde el diagnóstico, los exámenes, y la recuperación. Necesité una semana dopada, sin apetito, para comprender que tanta mala noticia enferma, y que el descanso sana.

Sana.