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jueves, 1 de octubre de 2020

Listas


El chiriguare sobre la rama del árbol a las 6:15pm.

Los murciélagos brotando del muro de ladrillos.

Una lluvia intensa. Todo gris. Todo limpio.

Hace un mes cremaban a mi madre, a las 5pm, según el cementerio. También llovió.

Hace un mes su muerte porque septiembre no tiene 31 días (el 31 de agosto su muerte, el 27 de septiembre su cumpleaños: 60 años)

Mi tarde escribiendo un poema sobre la herida (o lo que salga)

Hoy es luna llena. Coincidencia con la luna llena del 1 de septiembre (día en que cremaron a mi madre, día de lluvia, ya esto lo escribí)

Dos versos de Eugenio Montejo: “pero ya entonces a bordo de un relámpago/ su alma cruzaba remotas intemperies”. 

En la otra hoja un poema titulado “Final de lluvia”.

En la mesita de los santos, los envases plásticos llenos de avena y lentejas, aireándose, para que se les vaya el olor a perfume.

¿Cuántos años tendrá ese pedazo de pan a los pies de San Antonio?

Las caraotas negras hinchándose en el agua.

Salario mínimo en Venezuela: 0,92 dólares. Explicación: salario mínimo 400.000 bolívares, dólar oficial (según tasa del Banco Central de Venezuela) 437.053,74. Regla de tres.

C. me cuenta un chiste: “Un hombre le dice a su empleador: ‘Jefe, ¿cuánto ganaría si solo puedo venir a trabajar tres días?’”. No me rio.

Es de noche y un niño maneja bicicleta en la plata baja del edificio. Su cachorro ladra.

El murciélago atraviesa la luna llena.

Busco caracoles entre las hojas mojadas.

Miro su luz de niebla.


#diario #listas

miércoles, 29 de julio de 2020

Extiendo mi manta para meditar...



Extiendo mi manta para meditar. Estoy rodeada de tiras de papel. Son los vestigios de los días de gripe. No me concentro en nada distinto a los collages. Si leo no retengo, si escribo son solo frases sueltas que emergen del silencio. Afuera todo sigue igual, pero adentro, aquí adentro mi mente suda. No hay olores ni sabores, solo extremos dulces, salados, ácidos, agrios. Como por deber, todo me sabe a nada ¡Lo que daría por volver a la turbación que me produce el olor a tabaco del vecino! Mi mente me procura una sensación de liviandad con bloques de cemento en la cabeza y un zumbido de mar junto a mi oreja.

lunes, 5 de agosto de 2019

Julio 2019


Voy nadando en las pisadas de mi abuela. A veces me hundo en mi mundo abisal, pero como tengo miedo de tocar fondo braceo con fuerza y salgo a la superficie. No sé para qué lo hago, porque cuando el sol me da en la cara, respiro y no veo la orilla de arena extendida, me siento perdida. El mar se ha vuelto tan profundo.  Lejanas las tierras de otros continentes.

lunes, 8 de julio de 2019

Junio 2019


Junio me montó en su lomo, desplegó sus alas y comenzó a volar.Me agarré fuerte de las riendas pero no tuve cuidado con el cuerno que salía de su frente.El viento me despeinó y una humareda de polvo me envolvió cuando caí y raspé mis rodillas. Galopando sobre mi caballo de nubes.Mi vida delante de mí. Galopando. Mi vida detrás de mí.

domingo, 26 de mayo de 2019

Rafaela (III)


Cuando se sentaba con su autoridad aplastada en la mecedora que habíamos comprado durante uno de nuestros viajes, Rafaela parecía inmortal, la matrona más poderosa del mundo. Salvo por sus piernas casi siempre forradas de cataplasmas de sábila, menjurjes hechos de brandy y el cadáver de una serpiente (destinada a flotar por siempre en el líquido marrón), o de cualquier crema que oliera a mentol. Las varices nunca la dejaron descansar.

viernes, 8 de febrero de 2019

Enero




Enero escribe su pinta. Enero soleado. Enero nublado. Enero calor. Enero frío. Enero de cielos azul intenso, con algún día de llovizna, con un arcoíris. Enero de incertidumbre, miedo, esperanza.

martes, 8 de enero de 2019

Bolívar



I
Nos adentramos al sur de Venezuela por la troncal 10, ruta hacia La Gran Sabana, vena que atraviesa el costado oriental del estado Bolívar. En la carretera: personas con sus rostros cubiertos. Sus manos extendidas sostienen un envase plástico para recoger “la colaboración”, colaboración que precisa tapar los huecos de la carretera que dejó la ausencia de Estado. Taparlos con el asfalto derretido por el fuego improvisado de ramas mártires. En la carretera: Ejército y guardia nacional. Una lagartija que atraviesa apresurada.  Los bidones de gasolina en los techos de los carros (cada quien asegura). Las pimpinas que se venden a la orilla de la carretera (por si acaso)
Callao. Dos mujeres negras inmensas bailan calipso. El sol ya destiñó sus trajes.
Carretera ondulada, serpiente arcoíris, pájaro que recoge su presa veloz para alzar el vuelo.
Tumeremo. Movimiento. Comercio. “Pollo para el minero”. “Comercializadora Monte Roraima”. “Bloquera Buen Samaritano”. Masacre. Dolor. “Solo queremos los cuerpos”.
El Dorado. ¿Dónde está?
Las Claritas. Carretera de tierra, huecos, charcos de agua, gente vendiendo mercancía. Carteles pegados en las puertas del supermercado: “Oro x comida”. “Oro x transferencias”. La pancarta de la empresa mixta colgada en las rejas del portón, de lo que parece ser su sede: “Siembra Minera. Operaciones”. Pacas de comida en las puertas de los comercios. Un hombre en la calle con una cesta llena de desodorantes y pastas de dientes. Un tarantín con cartones de huevo a 700 bolívares (obviamente en efectivo); otro con medicamentos. Más pacas de arroz, pasta, harina de trigo, sal. Un puesto de mototaxis. La carrera más barata 500 bolívares y la más cara 3000 (noviembre 2018).
Si hubiese que elegir uno de los lugares más amargos de Venezuela sería Las Claritas. Es mirar a través de una ventana cómo funciona la minería. Porque Las Claritas es una mina a orilla de carretera. En Las Claritas se rebusca la dignidad en la basura, el paisaje clama por un emisario, y solo los valientes se aferran a su pasado para seguir.  La feria humana se queda metida en las pupilas y es inevitable preguntarse: ¿cómo será lo que no veo?

domingo, 18 de noviembre de 2018

Amazonas


I
Llegamos a ti por tierra. Sorteamos tres bombas de gasolina, vimos un camión cava repleto de bidones, “quédese calladita, póngase en un ladito y espere, sino no le van a echar”, le dijeron a nuestra compañera. Seguimos por la carretera agujereada, cansada de esperar. Nos montamos en la gabarra con la oscuridad sobre nuestras cabezas, mientras una parte del cielo se rasgaba amenazante iluminando las ondulaciones frenéticas del Orinoco. Si Venezuela fuera un rompecabezas, tu, Amazonas, estarías despegada por esa anchura líquida, agua paterna. Tú eres la pieza que no termina de cuajar, no porque no cuadres, sino porque te olvidan.

jueves, 11 de octubre de 2018

Septiembre




Sentada frente a una pared en zazen. Dejo que los pensamientos pasen como nubes en el cielo. Pasa una, pasa otra, se deforman, se aplanan, se acumulan. No me detengo en ninguno. No me aferro a ninguno. Diez minutos después mi pierna derecha deja de existir, es un pedazo de carne sin tonicidad, la sangre ha dejado de fluir. Me asusto. Van cuatro domingos así. ¿Qué hago yo aquí?

Vuelvo al momento presente. Me concentro en la respiración. Sudo mis escaras.

martes, 28 de agosto de 2018

Rafaela


Mi abuela murió el 26 de agosto de 2018. A las tres de la madrugada su cuerpo colapsó y no respiró más. Ese domingo llovió y recordé que siempre decía que eso le pasaba a los que en vida habían comido en una paila: "El día de su muerte lloverá a cántaros y será difícil sacarlo". Ella nunca siguió la advertencia y cada vez que podía comía a sus anchas en una olla.