Sé que no puedo permanecer aferrada al vientre
de la cueva. Otra luz llama afuera. Puedo verla cuando se cuela entre las
grietas. Es como un agua amarilla, nutriente, con miles de partículas danzando.
Yo intento atraparla con mis manos pero se vuelve aire. Miro la puerta,
alfombra mágica que me alcanza los lugares. Lo decido y salgo. Me reencuentro
con el parque, los afectos, el trabajo. Sobre la cuerda equilibro mis pasos, la
respiración, las alas que me balancean para no chocar con este mundo de
concreto. Atragantada de luz, cuento las horas para volver dentro del hueco del
árbol, donde preparo la miel, que llevaré cuando salga, de nuevo.
Vamos, venimos, damos, recibimos, estamos y huimos. Contar historias es el principal objetivo de este blog. La finalidad: Estar. [Rostros, crónicas de viaje, poesía]
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viernes, 20 de noviembre de 2020
sábado, 16 de mayo de 2020
Abril 2020
Estoy sembrada de islas. Cada una se gobierna.
Lo único que las une son estas aguas a veces tranquilas, otras turbulentas.
Aguas dulces, saladas, calientes, frías. Por las mañanas salgo y recorro mis
islas. Camino por las arenas de la autoexigencia, la culpa, la competencia, los
celos, la vergüenza. Cruzo a la otra orilla. Lo hago en curiara porque no sé
nadar. Me adentro en el ramaje de un bosque. Acaba de llover y las gotas se
deslizan desde las hojas hasta mi cuerpo. En este bosque la energía erótica que
me envuelve invita a la creación. De una isla a otra transcurren los días. El
miedo a caer en el agua es permanente. Una vez casi pasa. Me rescató una
ballena. La onda de agua que provocó cuando salió a la superficie fue tan sutil
que enderezó la embarcación. Pronto
llegará el día en que tenga que sumergirme. No habrá ballenas ni leones marinos
ni delfines que puedan ayudarme. “¿Acaso no has empezado a hacerlo? Mira tus
piernas”, dice la voz de una de las islas.
Miro mi cuerpo. Es verdad. Huelo a sal, el agua me llega a las rodillas,
los peces hacen círculos en mis tobillos, un caracol en mi oído intenta decirme
un secreto de luz y viento. ¿Cuándo
pasó? “Han sido años, faltan más”, vuelve la voz. ¿Cuántos? “Más”.
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