Mostrando entradas con la etiqueta enfermedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enfermedad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de febrero de 2020

Enero 2020


De qué trata esta esterilidad que me habita cuando no encuentro la palabra.  ¿Acaso no debería estar preparada para estas tormentas? Vivo en ellas y sin embargo me sigue costando atravesarlas. Veo el álbum de fotos y lloro. Enjuago los morados en mis piernas. Maldigo los intentos frustrados de aprender andar en bicicleta. Escribo los acontecimientos más importantes de una década que termina. Reviso mis lecturas de este mes. Son los libros los que me han salvado en estos tiempos. Cuando intento protegerme de la enfermedad materna, enfermo de una gripe que me envía el universo para que resuelva nada más que mi propia existencia. La familia está cansada. Yo también. Cómo se me ocurrió pensar que jamás me ocurriría. Atenea se fue a la ermita y no regresa.

jueves, 22 de agosto de 2019

Amazonía



“El vientre barre cenizas de susto”
(Humberto Ak’abal. Poeta Maya. Guatemala)

Amazonía es tu cuerpo botín de guerra. Hoy tus brazos mutilados arden en llamas hasta olvidar que fueron árboles milenarios. ¿Cuánta poesía se pierde en tus hojas derramadas? Libro verde. Casa habitada. Cualquiera que viva en tus venas de agua se vuelve pájaro, tigre, palmera, indígena, campesino, ribereño, sueño, mito. Tú sientes cuando el foráneo te lame, saquea, manosea. Minero, cauchero, maderero, traficante, presidente, violador, mal espíritu, enfermedad. Ahogados de espanto huyen animales imposibles, mueren especies desconocidas, arde la humanidad. No hay refugio. Tu vientre se seca, sus paredes son color sangre. Tú, Amazonía, que te supones vital para contrarrestar el calentamiento global. Amazonía Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Guayana Francesa, Guyana, Surinam. No importa tu apellido. Amazonía saqueada por la izquierda y la derecha. El humo oscuro se ve desde el espacio y abajo los ojos ciegos ya no encuentran más constelaciones ancestrales. ¿Cuántas lluvias para anegar tu dolor? El día del fuego se extiende. El crimen existe. Arde América Latina y no basta rezar. Hay que restregarse la tierra entre las manos, descender hasta el fondo donde reina el silencio verde: la madre universal.