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miércoles, 12 de febrero de 2020

Enero 2020


De qué trata esta esterilidad que me habita cuando no encuentro la palabra.  ¿Acaso no debería estar preparada para estas tormentas? Vivo en ellas y sin embargo me sigue costando atravesarlas. Veo el álbum de fotos y lloro. Enjuago los morados en mis piernas. Maldigo los intentos frustrados de aprender andar en bicicleta. Escribo los acontecimientos más importantes de una década que termina. Reviso mis lecturas de este mes. Son los libros los que me han salvado en estos tiempos. Cuando intento protegerme de la enfermedad materna, enfermo de una gripe que me envía el universo para que resuelva nada más que mi propia existencia. La familia está cansada. Yo también. Cómo se me ocurrió pensar que jamás me ocurriría. Atenea se fue a la ermita y no regresa.

sábado, 18 de enero de 2020

Diciembre 2019



¿Era este el murmullo indiferente/de la otra habitación, lo que testificaba […] / la sabiduría reunida/ en el sacrificio?

Contemplo mis manos. Mis libros en bolsas y maletas dentro del carro. Ya me fui. Me fui de esta casa de viento que arrasa, pega, enfría, duele. Casa de hilos de seda que atrapan a la presa. Elevo la mirada a la montaña iluminada por los últimos destellos de esta tarde de 24 de diciembre. Un susto se aloja en el pecho, susto de algo que no fue como esta casa tierra de nadie que intenté sembrar.  Y digo en voz alta ¡ya me fui! por el solo hecho de escucharme. Y cuando lo digo, las palabras salen como humo y las respiro y pasan a mis pulmones y vuelven a salir por la nariz y las vuelvo a mirar. Se quedan ahí frente a mis ojos por unos segundos, luego entra la brisa por la ventana del carro, intenta llevárselas, forcejean, se quedan. Ya - me - fui.