Los dictados me atraviesan. Yo me dejo. Toman mis ojos, oídos, boca, pecho, manos, vulva, piernas, pies. Toman mi piel. Me quedo quieta, escuchando con toda mi casa, su casa, dejando que esta posesión hable a través de mí. No soy nada, solo un medio para que todo lo demás se diga. Demás es lo otro. Lo otro también soy yo o no. Se cumplen dos años con este mensuario y apenas comienzo a entender que debo dejar decirse a lo otro. Agosto con sus mariposas blancas apareciendo insistentemente, con sus sueños levantándome a escribirlos en la madrugada, con todo su universo simbólico preparándome para La Muerte. Su Muerte. Mi muerte.

