Saco mis raíces de la tierra, las meto en la
maleta y parto a Roma navegando desde el río Orinoco, surcando el Atlántico, pasando el Mar Tirreno, aquietándome en el Tíber. Voy en el vientre de mi wajibaka (curiara) hecha del
árbol de cachicamo rojo. Mi jai (remo) es la palabra de los pueblos. Soy
periferia que va al centro. Todavía tengo el sabor del aurosá en mi boca, el
viento de la Gran Sabana y la lluvia que los waranipi desataron golpeando las
nubes. Hace nada estuve en la Amazonia venezolana ahora en Ciudad del Vaticano,
nada es casual.
