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jueves, 19 de noviembre de 2020

Iximché


La hierba fría, el cielo de agosto, el olor a cenizas me asegura que sigo aquí, pero que retrocedí a 1470. Estoy en la capital del reino de Kaqchikel: Iximché.

Alzo la vista y me encuentro con los templos piramidales y los campos de juego de pelota mesoamericanos. Sigo en medio de estas costras antiguas, rodeada de montañas, lejos de mi vida o acaso en ella.

Al fondo una pareja anciana de indígenas maya permanece al pie de una de las pirámides. Hacen un ritual, colocan velitas, dulces, pétalos de flores, caramelos. Observo en silencio hasta que siento que los incómodo y me alejo mirando las ofrendas convertirse lentamente en tibias cenizas. El humo se une al viento. Vuela la alegría de una promesa.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Octubre 2019



Saco mis raíces de la tierra, las meto en la maleta y parto a Roma navegando desde el río Orinoco, surcando el Atlántico, pasando el Mar Tirreno, aquietándome en el Tíber. Voy en el vientre de mi wajibaka (curiara) hecha del árbol de cachicamo rojo. Mi jai (remo) es la palabra de los pueblos. Soy periferia que va al centro. Todavía tengo el sabor del aurosá en mi boca, el viento de la Gran Sabana y la lluvia que los waranipi desataron golpeando las nubes. Hace nada estuve en la Amazonia venezolana ahora en Ciudad del Vaticano, nada es casual.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Grotte dell’ Acqua



Apunto los encargos: “Pregúntale a zia por los nombres de las personas del árbol genealógico por parte de mamá. Yo conozco hasta mis abuelos (Domenica y Alessio) y a mi  tatarabuela nonna Vittoria. Pregúntale como se llamaba el esposo de Vittoria y como se llamaban sus padres.”. “Pregúntale a Mimi cuando hacia labores humanitarias en otras partes del mundo”. “Pregúntale a José por el árbol genealógico de tu abuela”. “Que te lleven a la pila baustimal de Roselli donde bautizaron a papá, mamá y nuestros antepasados. Cuando la vi me estremecí, saber que la vieja chiquita estuvo ahí”. “Dile a Mimí que te lleve hasta la capanna (cabaña). Está a unos 3 km de ahí. Sales a la vía principal, baja a mano derecha y luego buscas un camino que se interna a mano izquierda. Fue la última construcción que hizo papá antes de venir a Venezuela en 1956 con 19 años de edad. Adentro creo que cosas muy viejas como arados, ruedas de carreta, etc. Afuera hay un gran roble (si no se ha caído) con unos cuantos centenares de año. Bajo él descansaron nuestros antepasados luego de las faenas”. “Debes conocer a Gigino Colella un hombre de 95 años que es muy sabio”. La casa donde nació la abuela, la fontana donde lavaban las mujeres, el cementerio...

domingo, 3 de noviembre de 2019

Funghi en la capanna



Mi padre me ha dicho que le pida a Mimí que me lleve a la capanna. Allí está la última construcción que hizo mi abuelo en 1956 antes de irse a Venezuela. Tenía 19 años. Hemos quedado para ir después del almuerzo. La zia Benedetta también irá para recoger funghi (hongos).

Nos montamos en el carro. Junto a mí una de las cestas que la zia Benedetta ha tejido. Mimí arranca y Melambo corre junto al carro. Va libre, todo su pelo blanco en movimiento rozando con la hierba, su peso convertido en viento. Los árboles en coro vegetal, juntos o dispersos, altos, cubiertos de trepadoras. Llegamos a un bosque lleno de flores blancas, hojas secas, bosta de caballo, árboles y en algún lugar del suelo: los hongos.

Benedetta lleva la cesta. Camina lentamente apoyada en su bastón, la última operación de cadera la ha dejado un poco débil. Le han recetado una inyección cada seis meses y eso la ayuda a caminar mejor, la próxima será en noviembre. La zia estuvo enferma del corazón, pero poco a poco se recupera y tiene la fuerza de sus 80 años.  

sábado, 2 de noviembre de 2019

Tutti santi, tutti morti



Camino por el medio de los armarios de mármol que guardan a mis muertos. Los velones de parafina y las luces artificiales danzan en una llama eterna. Benedetta va apoyada en su bastón, Mimí y yo la seguimos con las flores y la luz. Yo pregunto por una cosa y me responden con la loza sin nombre. “É per me”, me dice la zia con sus 80 años y sonríe. Yo la abrazo y le digo que no diga eso. Niego la muerte. Descubro que Mimí no es de piedra.  

jueves, 31 de octubre de 2019

Pomodoro


Me asomo en la puerta. En el taller de zia Benedetta no hay nadie pero la cocinita está encendida y tiene una olla llena de tomates en agua hirviendo. En la radio suena una ópera. La zia atraviesa otra puerta, se acerca a la mesa, saca los tomates de la olla, los pasa a un envase de plástico y deja que se enfríen. Son pomodoros de su propia cosecha, los últimos antes de que empiece el invierno, así que no han nacido tan grandes. Minutos después comienza el trabajo. La piel del tomate en un recipiente, las semillas en otro y los frutos desnudos en un sartén. Me uno al proceso. Pelamos decenas de tomates.

viernes, 11 de octubre de 2019

Gran Sabana



Y vuelvo a ti dolorosa, embriagada, saqueada, triste, manoseada, cercada Gran Sabana. Y me cuesta escuchar el idioma de brisa de las hojas y los cantos de los grillos, sapos, pájaros. Hay un luto verde suspendido en este territorio. Un lamento que sacude los cuerpos desde el 22 de febrero de 2019, el 8 de diciembre de 2018, desde hace mucho tiempo atrás. Llanto que llora a sus muertos, llanto que se junta con las lágrimas de los que atraviesan por primera vez la sabana para salir de Venezuela, sus ojos se conmueven ante tanta belleza y el duelo que los empieza habitar sale como cascada para juntarse con estos nuevos paisajes.

martes, 8 de enero de 2019

Bolívar



I
Nos adentramos al sur de Venezuela por la troncal 10, ruta hacia La Gran Sabana, vena que atraviesa el costado oriental del estado Bolívar. En la carretera: personas con sus rostros cubiertos. Sus manos extendidas sostienen un envase plástico para recoger “la colaboración”, colaboración que precisa tapar los huecos de la carretera que dejó la ausencia de Estado. Taparlos con el asfalto derretido por el fuego improvisado de ramas mártires. En la carretera: Ejército y guardia nacional. Una lagartija que atraviesa apresurada.  Los bidones de gasolina en los techos de los carros (cada quien asegura). Las pimpinas que se venden a la orilla de la carretera (por si acaso)
Callao. Dos mujeres negras inmensas bailan calipso. El sol ya destiñó sus trajes.
Carretera ondulada, serpiente arcoíris, pájaro que recoge su presa veloz para alzar el vuelo.
Tumeremo. Movimiento. Comercio. “Pollo para el minero”. “Comercializadora Monte Roraima”. “Bloquera Buen Samaritano”. Masacre. Dolor. “Solo queremos los cuerpos”.
El Dorado. ¿Dónde está?
Las Claritas. Carretera de tierra, huecos, charcos de agua, gente vendiendo mercancía. Carteles pegados en las puertas del supermercado: “Oro x comida”. “Oro x transferencias”. La pancarta de la empresa mixta colgada en las rejas del portón, de lo que parece ser su sede: “Siembra Minera. Operaciones”. Pacas de comida en las puertas de los comercios. Un hombre en la calle con una cesta llena de desodorantes y pastas de dientes. Un tarantín con cartones de huevo a 700 bolívares (obviamente en efectivo); otro con medicamentos. Más pacas de arroz, pasta, harina de trigo, sal. Un puesto de mototaxis. La carrera más barata 500 bolívares y la más cara 3000 (noviembre 2018).
Si hubiese que elegir uno de los lugares más amargos de Venezuela sería Las Claritas. Es mirar a través de una ventana cómo funciona la minería. Porque Las Claritas es una mina a orilla de carretera. En Las Claritas se rebusca la dignidad en la basura, el paisaje clama por un emisario, y solo los valientes se aferran a su pasado para seguir.  La feria humana se queda metida en las pupilas y es inevitable preguntarse: ¿cómo será lo que no veo?

lunes, 31 de diciembre de 2018

Diciembre



I
Cruzar la línea huyendo del hambre y la enfermedad. Encontrarte al otro lado arraigándote a lo que eres: wajibaka, janoko, yuruma, moriche, chinchorro, warao. A veces la distancia hace conocerte mejor. ¿Cómo viven los warao en Pacaraima? Resistiendo el más insoportable de los despojos. Y así se sientan “como árbol caído”, “como que vamos a canalete”,  nadie puede quitarles la raíz fundamental, su cultura, su idioma.
Raíz. Curación. Madre.
Raíz de los que se adaptan en nuevos territorios. Raíz que integra y no desplaza. Raíz que se prepara para convivir. En eso andan algunos warao por allá en Brasil, ya Dios les mandó a Jesús, Felipe, Peggy para que los acompañen, ya les contaremos más, pero hace falta mayor solidaridad.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Itekare yuwa (En busca de la historia)



Estar donde inició todo. Frente al wadaka, el árbol de todos los frutos. Presencia divina en lo terreno. Aprender de los niños con el dibujo, el canto, los sonidos, la percusión corporal, los caminos, los ríos.
Encontrarse pronunciando las primeras palabras en pemón, repitiendo lo jamás olvidado: kaikuse 🐅 wei ☀menewo 🐰 kapuy 🌛 katuru ☁ tunä 💧apök 🔥
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Los espíritus protegiendo los tepuyes (sampa, kukenan, wadaka...), la brisa atravesando la ropa,  el arcoiris volcándose a la tierra, la luna llena y las constelaciones, los niños jugando con el fuego, Francisco buscando leña, el olor de los primeros fogones, el tumá, el casabe y el kachirí sobre la mesa, los bachacos haciendo su nido, los niños pelando y rallando la yuca y la batata para hacer casabe y kachiri, la neblina que cubre los cerros, Florentino repitiendo lo jamás olvidado -utamonton pantonü- Santiago traduciendo y compartiendo su vida con nosotros, la profesora Julia levantándose a pesar de su enfermedad y enseñando, Julieta -con sus años- montada en una escalera recogiendo onotos, la luna frente al sol a las seis de la mañana, los baños con agua fría en la oscuridad porque en la comunidad no hay energía eléctrica, el suelo que brilla por los pedacitos de cuarzos, las gallinas y los pollos sueltos, el baile parichara y el kewei tocando el suelo, los tres loros traviesos, las casas de bahareque y zinc, la gente con sus wayares marchándose al conuco, las hojas de guayaba y mango hirviendo en la olla para el dolor del cuerpo, las mujeres hospitaleras, escuchar sobre el mayu... El sonido de los carros muy lejos en la carretera y muy cerca cuando Luis lo sacaba de sus entrañas, corriendo como camión. 
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No me olvido de El Oso, comunidad pemón en La Gran Sabana, que nos recibió para compartir y trabajar con los niños que asisten a la Escuela Unitaria Fe y Alegría. 
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Si le preguntas al indígena pemón qué quiere te dirá: "Mantener mi cultura". Si le preguntas para qué aprende, te responderá: "Para la vida". 
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Iña maimu.
(Esta es mi palabra)


domingo, 18 de noviembre de 2018

Amazonas


I
Llegamos a ti por tierra. Sorteamos tres bombas de gasolina, vimos un camión cava repleto de bidones, “quédese calladita, póngase en un ladito y espere, sino no le van a echar”, le dijeron a nuestra compañera. Seguimos por la carretera agujereada, cansada de esperar. Nos montamos en la gabarra con la oscuridad sobre nuestras cabezas, mientras una parte del cielo se rasgaba amenazante iluminando las ondulaciones frenéticas del Orinoco. Si Venezuela fuera un rompecabezas, tu, Amazonas, estarías despegada por esa anchura líquida, agua paterna. Tú eres la pieza que no termina de cuajar, no porque no cuadres, sino porque te olvidan.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Agosto



1 y 2
En agosto grabamos las entrevistas para un cortodocumental sobre un decreto que tiene en vilo a los ríos, a la Amazonía, y a nuestra gente. Me dí cuenta de lo disponible que están mis compañerxs de causa, de sus miedos y sus esperanzas, que tambièn son las mìas. En ese interín escribí las pautas, cargué agua, preparé comida para el equipo, me caí por unas escaleras, soñé que mi abuela se moría, conté un montón de vallas de compra y venta de oro y plata, vi muchos atardeceres, y el último día del rodaje, me enfermé. Una puntada me atravesó hasta abajo. Y comenzaron a aparecer los amigos: Carlos Chirinos, Lucy, Rafa e Ignacio, que acompañaron mi dolorosa espera desde el diagnóstico, los exámenes, y la recuperación. Necesité una semana dopada, sin apetito, para comprender que tanta mala noticia enferma, y que el descanso sana.

Sana.