viernes, 31 de agosto de 2018

Mis 32 encontrándome con la muerte




Los que me conocen saben lo mucho que me gustan mis cumpleaños, y que desde hace cinco años escribo una crónica del día. Este año ha sido diferente, mi nacimiento me agarró llegando de un viaje, despidiendo a mi abuela, atravesada de memorias, en la ciudad. Esta vez la ruta fue la misma vida, con sus felicitaciones y condolencias 

martes, 28 de agosto de 2018

Rafaela


Mi abuela murió el 26 de agosto de 2018. A las tres de la madrugada su cuerpo colapsó y no respiró más. Ese domingo llovió y recordé que siempre decía que eso le pasaba a los que en vida habían comido en una paila: "El día de su muerte lloverá a cántaros y será difícil sacarlo". Ella nunca siguió la advertencia y cada vez que podía comía a sus anchas en una olla.

sábado, 23 de junio de 2018

Historias de diablos, memorias de Chuao



“Sí: ante la divina impermanencia, lucho para conservar el instinto, para fijarlo como una escultura fluorescente. Lo ilumino con mi consciencia, y retengo hasta que estalle en una nueva obra divina el universo infinito, laberinto inconmensurable que se desliza entre mis garras, presa que se me escapa entre los dientes, huellas que se desvanecen como un perfume sutil...”. (Arcano XV: El Diablo)

lunes, 2 de abril de 2018

Conversaciones de vagón: Migrantes venezolanos que mueren



—La muchachita se iba a graduar de ingeniero— dice un anciano afligido.

—Que fuerte. Ya van tres en Ecuador— le responde una mujer que lo acompaña.

— Tenía 22 años, fue a Ecuador para ver cómo era la cosa, y se regresaba a graduarse de ingeniero, ya le faltaba poquito.

Ambos se miran y permanecen en silencio.

—Yo me he puesto a verlas y son todas bonitas. Está pasando una cosa con las muchachas bonitas que se van de Venezuela— concluye el señor.

miércoles, 31 de enero de 2018

Cuentos de Los Nevados




̶ ¡Salió el sol señora Natividad! ̶ se escuchó el grito de una mujer en la Plaza Bolívar del pueblo de Los Nevados. La mañana había estado muy fría pero al fin el gris del cielo se abría para darle paso a la luz.
     Llegamos a este pueblo enclavado en las montañas, el día anterior. Primero agarramos el teleférico de Mérida hasta la estación Loma Redonda, que es la cuarta de este sistema y se encuentra a 4045 msnm, y luego caminamos casi seis horas (los arrieros hacen cuatro horas) entre senderos de tierra, piedras, puentes, rodeados de montañas y frailejones.

domingo, 28 de enero de 2018

El Niño de la Cuchilla


Aún recuerdo las cuchilladas en mi vientre. No fue una metáfora ni algo pasajero. Fue algo que me ocurrió en la fiesta religiosa del Santo Niño de la Cuchilla.
Salimos a las seis de la mañana de Guaraque rumbo a Zea, una localidad del estado Mérida, enclavada entre las montañas del Parque nacional General Juan Pablo Peñaloza (Páramos El Batallón y La Negra) y los ríos Escalante y Guaruríes; donde todos los 6 de enero se celebra esta festividad, una de las peregrinaciones más grandes del estado Mérida.
Dice el evangelio sobre el día de los Reyes Magos, que cuando éstos se encontraron al niño Jesús se llenaron de inmensa alegría. Yo iba con mucha emoción a Zea, pese a que no conocía prácticamente nada sobre esta fiesta religiosa. Solo me había quedado con la imagen que me contó el padre Orlando sobre unos pobladores de Guaraque que caminaban 14 horas desde su pueblo hasta Zea. El recorrido lo hacían la noche anterior. Otra cuestión que llamó mi atención fue la imagen venerada: un niño recién nacido, recostado en la losa de un sepulcro con el mundo en la mano, la cabeza reclinada sobre el brazo derecho en actitud durmiente, con una calavera por almohada.
Me impresionaba la calavera debajo de la cabeza de un recién nacido. Luego leí que en cierto sentido la imagen unía la Navidad con la Semana Santa.