martes, 10 de noviembre de 2009

Si volteo lo encuentro a él, al Circo


De mi primer encuentro con el circo recuerdo el olor a heces de un elefante. Nada bonito. Pero si me preguntaran a qué huele el circo tendría una respuesta. En mi mente guardo el recuerdo de mi papá y yo subiendo por las rampas del estacionamiento de Maxis. Luego me veo sentada en las tablas, nada cómodas, dentro de la carpa. También recuerdo que tenía que levantar una nalga cada cinco minutos, como dolía aquello, la huella de aquel malestar era la hendidura de la tabla marcada en mi trasero. Me atragantaba de cotufas, todo estaba iluminado con luces de muchos colores y ya no recuerdo más.
Años después veía los espectáculos de circo en Ruge Manía, un programa para niños que transmitía el canal de La Colina, cómo olvidar a los Hermanos Valentinos con su bendita escuelita y el atormentante “No sabe, no sabe”. Mi abuela gritaba: “Cambia el canal que eso retrasa a los niños”. Gracias a Dios no hizo tanto efecto.
Mi siguiente encuentro con el circo fue cuando llevé a una patrulla de niños de un plan vacacional. Recuerdo que el circo estaba en la terraza del CCCT. ¿Un espectáculo? Un hombre haciendo telas. Definitivamente de las heces del elefante a la actualidad algo cambió.
Ahora: Cirqueros en los semáforos, Sabana Grande, la Plaza de los Museos y en el Nuevo Circo. Ahora los veo en todas partes, incluso cuando no hacen su trabajo. Puedo ir en un vagón del metro y mirar como entran, se sientan y conversan. Puedo esperar un bus y detectar cuando llega uno de ellos. Puedo estar en el cine y ver como aparecen en un comercial del Centro de Arte La Estancia.
Lo veo en todas partes. Si. Como un enamorado. Y es que me he enamorado del circo. De su rareza, de su exhuberancia, de su ánimo, de su altura, de su alegría, de sus tropiezos, de sus caídas. Que por qué hice una tesis del circo de Venezuela. Porque me parece que ellos desde su arte aportan mucho a la sociedad, son capaces de sacar una sonrisa en momentos dolorosos, son capaces de trasladarte a otro mundo sin salir del planeta Tierra, son capaces de alejar a alguien de las drogas, de la delincuencia, y era necesario realizar un documento que recogiera todas las experiencias del circo venezolano, era necesario hacer y escribir su memoria.
Esta tesis me ha permitido conocer su evolución, estar en contacto con su gente, vivir sus alegrías y temores. Puede ser que a veces me sienta cansada, que no sepa por dónde empezar a contar, que la musa se vaya corriendo. Pero solo tienen que pasar unos minutos para estar ahí, de nuevo en el espectáculo donde todo cansancio se olvida. Y me vuelvo a enamorar y si volteo lo encuentro a él, al circo, colgado de un trapecio haciéndome un guiño, entonces escribo. No hay otra razón.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

...Minerva, no sabia q' tenias un blog en actividad.
Felicidades por su tesis.

un saludote.
cuídate un montón.


http://malg-puntos.blogspot.com

Daniel dijo...

hola! soy Daniel de argentina, estoy haciendo mi tesis sobre el circo! tengo una escuela de circo y me encantaria compartir ideas contigo! por favor contactate conmigo, mi pagina es www.escueladecircosalta.com.ar y mi mail dafornodaniel@gmail.com desde ya muchas gracias!

Gonzo Velazko dijo...

me meti a tu blog lei este articulo me gusta la forma en la que expresas las palabras...muy bien minerrr de verdad sos muy inteligente es por eso que sos indigoooo....jajaja broma pesada, tenes que escribir mas y publicar todas tus vivencias en estos viajes nuevos tuyos...

Minerva dijo...

jajaja si... soy indigo, Gonzo lo recuerdo desde la convención de circo, te acuerdas, cuando me traumatizaste??

Gonzo Velazko dijo...

si claro como olvidarlo la primera impresion es la que cuenta....jejejeje te quiero beso.