lunes, 16 de junio de 2014

Ruta #2: Primer entrenamiento para el Pico Naiguatá


No está de más comenzar diciendo que este entrenamiento me generaba un poco de ansiedad. Primero porque en las especificaciones de Excursiones Ávila decía que el nivel era fuerte y segundo por las ganas que tengo de ir al Pico Naiguatá. Por todo lo demás ya la ruta lo decía todo: Cotiza-Pica de la mona-Clavelitos-Boca de Tigre-Sector Guayabo Mocho-Cotiza. (Si, si, hasta Galipán caminando). En total 1925 metros.
Para esta aventura, Luisanna fue la encargada de convocarnos a Fefy y a mí, y las dos aceptamos gustosas. Y algo me quedó bien claro. Una cosa es trotar y otra subir montaña, aunque admito que hoy me fui igualito a las 5am a trotar al Parque, y con más resistencia que el último día.  
Así que el domingo 15 de junio de 2014 nos encontramos bien temprano con los chicos de Excursiones Ávila, en la estación del metro La Hoyada. Era un grupo de aproximadamente 30 personas. Joel Liendo, uno de los miembros de Excursiones Ávila, nos esperaba con su típica gorra verde fluorescente, distintivo de la Fundación.

Caminamos hasta la redoma frente a la Iglesia Sagrado Corazón y un bus pasó por nosotros. Nos bajamos en el puesto de la Guardia Nacional, Escuadrón Montado, en San José de Cotiza, y en cambote nos fuimos hasta la entrada del Parque Nacional Waraira Repano.
Lo primero que debo decir es que para subir por este acceso del Ávila prácticamente hay que tener todos los sentidos activados, especialmente la vista y el oído. Los jeeps marchan a toda velocidad por lo empinado de la carretera y hay que estar muy pendientes de no apartarse del borde. Fefy puede dar fe de ello, ya que defendió nuestros derechos ante un jeepsero.
A medida que íbamos subiendo la carretera era más empinada, la vista hermosa, y el clima excelente. Nos encontramos con nuestro primer reto: la Pica de la mona. ¿Cómo subirla? Su nombre lo indica. Nos faltaron fueron las bananas para completar la escena. Antes de escalar esta parte, Joel aprovechó para darnos ánimos y decir que todos lo lograríamos pero que si alguno se sentía mal se detuviera: cada quien a su ritmo.
Como bien dice en la página de Excursiones Ávila todas sus excursiones “son para el disfrute de los participantes, no para competir, la idea es desconectarse de la rutina y pasar un día distinto”. Para esto cuentan con un guía al principio, uno intermedio y uno al final, todos en constante comunicación por radio y ninguna persona es despreciada ni descartada por su condición física. En esta ocasión tuvimos dos guías Joel y Noelys Medina.
Sin duda esto anima.
Cuando Joel terminó de hablar vimos hacia arriba: pura piedra.


De Pica de la Mona hasta Galipán
Más de uno se detuvo para agarrar aire, pues el esfuerzo físico es demandante. Lo gracioso es que por este sendero rocoso se corta camino. También trabajas absolutamente todas las partes de tu cuerpo. Un vez que llegas a la cima, de la primera parte de la pica, te sientes feliz y sudado; al pasar la segunda parte, realizado y más sudado.


Ya en Clavelitos hay un pequeño gimnasio, con algunas pesas y estructuras, en menor cantidad de las que encontramos si subimos El Ávila por Sabasnieves o La Julia. También hay un chorrito donde puedes recargar agua y un negocio donde puedes comprar cambures, unas frondosas fresas o algún snack para recargar las baterías; aunque sinceramente la vista que tenemos de Caracas, desde ese punto, es la mejor hidratación.
A partir de Clavelitos cada una siguió a su ritmo, retándose en cada curva, en cada subida. Durante todo el trayecto el camino pavimentado estuvo bordeado de abundante vegetación, recordándonos dónde estábamos. Los jeeps nos pasaban por el lado y la gente nos veía con cara de “qué están haciendo estos locos”. De vez en vez un corrientazo en la pantorrilla, siempre la camisa empapada en sudor, y muchos momentos en solitario para reflexionar sobre la vida o para darnos palmaditas de felicitación. En todo caso las vistas de la ciudad nos indicaban cuán alto estábamos y lo hermoso que es nuestro país.
Llegamos a Boca de Tigre. Todo un logro. Un jugo de mora fue el premio. Y finalmente, cuando llegó Fefy, con rodillera y palo en mano, nos sentimos más orgullosas aun. Ella bromeaba: “Esos carteles de curva mega pronunciada, curva peligrosa, cuidado que morirás, no me animaban mucho”. Lo cierto es que yo tenía su celular y eso fue un incentivo más. “No puedo quedarme incomunicada, asi que debo seguir subiendo”, se decía así misma.

Todavía la ruta no terminaba, faltaba llegar a Galipán, pero esta parte nos la tomamos relajadas. Ahora juntas, nos hicimos fotos y disfrutamos de la vista al mar, del Hotel Humboldt allá en lo alto, rozado por la neblina o de las torres del antiguo sistema teleférico sobresaliendo de entre la vegetación. Disfrutamos de la amabilidad del señor del puesto de flores que nos invitó a pasar por un lado de su casa para que tomáramos más fotos.
Es impresionante todas las maravillas que podemos encontrar caminando esta montaña y la cantidad de personas preocupadas por su conservación. Por ejemplo Excursiones Ávila lleva un proyecto que se llama "Un cariño para mi montaña", el cual tiene como objetivo la promoción de la conservación, defensa y recuperación del mundo natural en nuestros parques nacionales, monumentos naturales y parques de recreación.
Ya en Galipán una fresa con crema y unos melocotones fueron el segundo premio. Regresamos felices, con una nueva historia para contar, 1083 calorías menos y motivadas para el próximo entrenamiento porque para Naiguatá nos vamos.




Pelos y señales:












2 comentarios:

Noetortas dijo...

Guao, mejor narración imposible que bueno saber que llega el mensaje en mano de Excursiones Avila, querer, conectarse, admirar nuestras naturaleza; mientras nos ejercitamos ese es nuestro proposito..Gracias por su participación y danos esta energía positiva de partes de ustedes..

Minerva dijo...

Gracias por tu comentario Noelys y por organizar este tipo de actividades. Uno comienza la semana repotenciado. Un abrazo.