sábado, 16 de mayo de 2020

Abril 2020


Estoy sembrada de islas. Cada una se gobierna. Lo único que las une son estas aguas a veces tranquilas, otras turbulentas. Aguas dulces, saladas, calientes, frías. Por las mañanas salgo y recorro mis islas. Camino por las arenas de la autoexigencia, la culpa, la competencia, los celos, la vergüenza. Cruzo a la otra orilla. Lo hago en curiara porque no sé nadar. Me adentro en el ramaje de un bosque. Acaba de llover y las gotas se deslizan desde las hojas hasta mi cuerpo. En este bosque la energía erótica que me envuelve invita a la creación. De una isla a otra transcurren los días. El miedo a caer en el agua es permanente. Una vez casi pasa. Me rescató una ballena. La onda de agua que provocó cuando salió a la superficie fue tan sutil que enderezó la embarcación.  Pronto llegará el día en que tenga que sumergirme. No habrá ballenas ni leones marinos ni delfines que puedan ayudarme. “¿Acaso no has empezado a hacerlo? Mira tus piernas”, dice la voz de una de las islas.  Miro mi cuerpo. Es verdad. Huelo a sal, el agua me llega a las rodillas, los peces hacen círculos en mis tobillos, un caracol en mi oído intenta decirme un secreto de luz y viento.  ¿Cuándo pasó? “Han sido años, faltan más”, vuelve la voz. ¿Cuántos? “Más”.

lunes, 20 de abril de 2020

Marzo 2020



Mujer caracol. Retírate hacia dentro. Arrastra tu cuerpo más hacia dentro. Palpa tu casa calcárea, su lisa suavidad. Palpita acuosa. Aprende a moverte dentro. Mira lo que irradian las blancas paredes en espiral. Escucha tu voz en esta cavidad resonante de vacío infinito.

jueves, 26 de marzo de 2020

#Diario2020


 

Caracas, martes 24 de marzo de 2020
(Sub-diario de una cuarentena por la pandemia de Coronavirus en Venezuela, día 9, #diariosdeencierro)

¿Cómo iba a saber dónde poner mi escritorio el primer día que llegué a esta casa de pájaros? Hasta los perros necesitan oler primero el espacio para reconocerlo. Transcurrieron cinco días para poder sentir dónde colocar el hogar de mi escritura. Moví la mesa, puse una silla, traje dos mesitas más y abrí la maleta: saqué mis diarios, los cuadernos de viajes, las libretas de apuntes, los libros, las fotos, la cámara, el grabador, la computadora. También mi caja de materiales con marcadores, post-it, sacapuntas, tijeras, colores, engrapadora, lápices, recortes. Me hice dos espacios, uno donde escribo y otro donde esperan los recuerdos y la literatura para ser tomados. Soy todo y deseo integrarlo.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Febrero 2020



Para cruzar la estancia era preciso ir como cántaro vacío. Solo así la llaga tendría alivio. Sude de fiebre, culpa y olvido. Me elegí abandonándome de ella. Me cansé de lanzar quejas al bosque que me las devolvía eco. Ojalá te rindieras ante el deseo grotesco de llevarnos contigo. No me pidas con la boca llena. Yo no quiero locura ajena. Ayúdame.

domingo, 22 de marzo de 2020

#Diario2020


Caracas, martes 22 de marzo de 2020
(Sub-diario de una cuarentena por la pandemia de Coronavirus en Venezuela, día 7, #diariosdeencierro)

Anoche soñé con mi abuela. Su casa estaba llena de gente y por las escaleras bajaban más y más personas. Vi a mi abuela sentada en una de las sillas del comedor y me dijo algo que no recordé cuando desperté. Lloré casi toda la mañana. Hoy es día de agua.

Creo que todos los ancianos muertos por la pandemia de coronavirus y este recogimiento han hecho que el duelo se despierte de nuevo. Un año, seis meses y veintiséis días no son suficientes. Creo que cuando escuché a Ángela Merkel, diciendo en su discurso, que por prevención los abuelos debían estar separados de los nietos algo se rompió dentro de mí. Mi abuela me crio, solo me vi separada de ella cuando entré a la universidad. Todavía no sé qué sería de mí sino recordara todos los saberes que me transmitió. Esa sal de la tierra que ella esparció en mí.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Enero 2020


De qué trata esta esterilidad que me habita cuando no encuentro la palabra.  ¿Acaso no debería estar preparada para estas tormentas? Vivo en ellas y sin embargo me sigue costando atravesarlas. Veo el álbum de fotos y lloro. Enjuago los morados en mis piernas. Maldigo los intentos frustrados de aprender andar en bicicleta. Escribo los acontecimientos más importantes de una década que termina. Reviso mis lecturas de este mes. Son los libros los que me han salvado en estos tiempos. Cuando intento protegerme de la enfermedad materna, enfermo de una gripe que me envía el universo para que resuelva nada más que mi propia existencia. La familia está cansada. Yo también. Cómo se me ocurrió pensar que jamás me ocurriría. Atenea se fue a la ermita y no regresa.