
Una carretera zigzagueante nos trajo hasta a ti.
Pensaba en todas las veces en que había preferido los senderos de tierra, los
verdes de selva nublada, los azules con brochazos naranjas y las nubes
atrevidas tapando cuanto pico quería fotografiar. Hoy, en cambio, una fuerza
magnética me hacía salir de mi montaña para lanzarme en tus brazos. Pude
hacerlo a medias, porque cientos de verdes me llevaron hasta a usted Mar Caribe
y recibí estos 29, soleados, arenosos y con sabor a pescado y tostones. Lo hice
porque quería sumergir mi espíritu así fuese unos minutos en sus sales, porque
quería que la brisa, siempre indiscreta, me susurrara sus secretos al oído,
porque quería que mis pies se hundieran en su arena tibia y mi rodilla
descansara. Y disculpe mi atrevimiento señor Mar Caribe, es que también vine porque
me dijeron que #ElCaribeTeLoDa, y yo quería pedirle una cosa. Ya usted sabe que
lo mío son los cerros y el monte, pero también sabe que tiene un efecto en mí
que no logro descifrar. Y bueno me entusiasmé enormemente porque resulta que no
conocía este rinconcito de su mar.