domingo, 23 de diciembre de 2018

Wiu wiu



Pasan los rosados del atardecer escuchando noticias de sangre. Hoy es difícil apreciar la belleza, pero sin ella todo está muerto. Wiu wiu. Revolotea el pájaro de mal agüero en Kanaimö y su canto se escucha en todo el territorio pemón (y más allá). Por la ventana se asoma el gris del inicio de la noche. Las nubes resisten, los trazos rosas forcejean, pero es inevitable, la noche siempre llega.

Wiu wiu

—¿Quién eres tú, el alma de un compañero?

Wiu wiu sigue cantando.

Otra vez nos mienten. Otra vez nos van a matar. Otra vez la sangre. Otra vez el despojo.

Otra vez el pájaro que avisa de los peligros.

El alma se entristece.

La tierra escucha paciente el grito de los que caen. Las balas encuentran refugio en las copas de los árboles. Cuando Charlie abre los ojos, todo a su alrededor es rojo brillante. Memoria que se escurre por sus venas. Sus ojos en exilio observan la sabana. El derrame cauteloso de las nubes. El día convertido en desgracia. El bagazo de su caña ha quedado vacío. Ekatón.

“Han matado a uno de nosotros como si no fuese persona”.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Noviembre



Noviembre en la Amazonía. Pisando la roca antigua, fundante, milenaria. Bañada de sangre por una guerra que no pedimos. 

Aquí sigo.

Escucho al sabio yekuana. Escucho al sabio pemón. Espíritu anciano que tambien habita en los niños de estas tierras. Cacurí. El Oso. Espesa Amazonas. Gran Sabana.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Itekare yuwa (En busca de la historia)



Estar donde inició todo. Frente al wadaka, el árbol de todos los frutos. Presencia divina en lo terreno. Aprender de los niños con el dibujo, el canto, los sonidos, la percusión corporal, los caminos, los ríos.
Encontrarse pronunciando las primeras palabras en pemón, repitiendo lo jamás olvidado: kaikuse 🐅 wei ☀menewo 🐰 kapuy 🌛 katuru ☁ tunä 💧apök 🔥
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Los espíritus protegiendo los tepuyes (sampa, kukenan, wadaka...), la brisa atravesando la ropa,  el arcoiris volcándose a la tierra, la luna llena y las constelaciones, los niños jugando con el fuego, Francisco buscando leña, el olor de los primeros fogones, el tumá, el casabe y el kachirí sobre la mesa, los bachacos haciendo su nido, los niños pelando y rallando la yuca y la batata para hacer casabe y kachiri, la neblina que cubre los cerros, Florentino repitiendo lo jamás olvidado -utamonton pantonü- Santiago traduciendo y compartiendo su vida con nosotros, la profesora Julia levantándose a pesar de su enfermedad y enseñando, Julieta -con sus años- montada en una escalera recogiendo onotos, la luna frente al sol a las seis de la mañana, los baños con agua fría en la oscuridad porque en la comunidad no hay energía eléctrica, el suelo que brilla por los pedacitos de cuarzos, las gallinas y los pollos sueltos, el baile parichara y el kewei tocando el suelo, los tres loros traviesos, las casas de bahareque y zinc, la gente con sus wayares marchándose al conuco, las hojas de guayaba y mango hirviendo en la olla para el dolor del cuerpo, las mujeres hospitaleras, escuchar sobre el mayu... El sonido de los carros muy lejos en la carretera y muy cerca cuando Luis lo sacaba de sus entrañas, corriendo como camión. 
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No me olvido de El Oso, comunidad pemón en La Gran Sabana, que nos recibió para compartir y trabajar con los niños que asisten a la Escuela Unitaria Fe y Alegría. 
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Si le preguntas al indígena pemón qué quiere te dirá: "Mantener mi cultura". Si le preguntas para qué aprende, te responderá: "Para la vida". 
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Iña maimu.
(Esta es mi palabra)


domingo, 18 de noviembre de 2018

Octubre


Se rasgan las nubes grises en el mudo horizonte. Con tristeza nativa. Octubre y sus cordonazos bebiéndose el cielo. Tauná, una estrella muy brillante que aparece este mes, anuncia la llegada de tormentas eléctricas y ventarrones. Lo saben los pemón. Los waranipi, que viven en las nubes, tienen una escopeta pequeñita que produce un gran estallido, y que se puede convertir en bastón. Ellos son truenos y cuando se les antoja se convierten en huracán. Su casa está en el cerro Seita, cerca del río Kukenan, pero nosotros los escuchamos hasta acá, en las ciudades, donde se espera al cordonazo de San Francisco, que no es uno, ni dos, ni tres.

Amazonas


I
Llegamos a ti por tierra. Sorteamos tres bombas de gasolina, vimos un camión cava repleto de bidones, “quédese calladita, póngase en un ladito y espere, sino no le van a echar”, le dijeron a nuestra compañera. Seguimos por la carretera agujereada, cansada de esperar. Nos montamos en la gabarra con la oscuridad sobre nuestras cabezas, mientras una parte del cielo se rasgaba amenazante iluminando las ondulaciones frenéticas del Orinoco. Si Venezuela fuera un rompecabezas, tu, Amazonas, estarías despegada por esa anchura líquida, agua paterna. Tú eres la pieza que no termina de cuajar, no porque no cuadres, sino porque te olvidan.

jueves, 11 de octubre de 2018

Septiembre




Sentada frente a una pared en zazen. Dejo que los pensamientos pasen como nubes en el cielo. Pasa una, pasa otra, se deforman, se aplanan, se acumulan. No me detengo en ninguno. No me aferro a ninguno. Diez minutos después mi pierna derecha deja de existir, es un pedazo de carne sin tonicidad, la sangre ha dejado de fluir. Me asusto. Van cuatro domingos así. ¿Qué hago yo aquí?

Vuelvo al momento presente. Me concentro en la respiración. Sudo mis escaras.