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miércoles, 25 de noviembre de 2020

En lo alto de la montaña



¿Cuál es el sentido de la existencia: una camioneta último modelo, llevar a la familia a comer parrilla en Galipán?

¿Quién es el verdugo en la nueva cárcel?

¿Cuánto cuesta mantener la pobreza espiritual?

¿Qué sientes cuando lanzas los dados sobre la mesa del casino mientras en las láminas de zinc caen las balas?

¿Cómo sabe el trago que tomas con la sed ajena?

¿Qué murmura la foto de la abuela junto a la tarjeta del banco?

¿Qué alumbran las luces de navidad en la estación del teleférico?

viernes, 23 de octubre de 2020

Tribulación

 



I

Madre despellejada mira

con ojos de naufragio

a través de la persiana

atardece

entre las pestañas

el inicio del llanto

empozado

en los párpados.

En sus labios la queja

en un idioma que no conozco.

sábado, 18 de enero de 2020

Diciembre 2019



¿Era este el murmullo indiferente/de la otra habitación, lo que testificaba […] / la sabiduría reunida/ en el sacrificio?

Contemplo mis manos. Mis libros en bolsas y maletas dentro del carro. Ya me fui. Me fui de esta casa de viento que arrasa, pega, enfría, duele. Casa de hilos de seda que atrapan a la presa. Elevo la mirada a la montaña iluminada por los últimos destellos de esta tarde de 24 de diciembre. Un susto se aloja en el pecho, susto de algo que no fue como esta casa tierra de nadie que intenté sembrar.  Y digo en voz alta ¡ya me fui! por el solo hecho de escucharme. Y cuando lo digo, las palabras salen como humo y las respiro y pasan a mis pulmones y vuelven a salir por la nariz y las vuelvo a mirar. Se quedan ahí frente a mis ojos por unos segundos, luego entra la brisa por la ventana del carro, intenta llevárselas, forcejean, se quedan. Ya - me - fui.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Rafaela (II)




Recordar vuelve el tiempo sagrado.
Kux loq´olaj ri qíj rumal ri na´tajisanem
(Rosa Chávez)

En septiembre te me moriste 30 veces, te enterré 30 veces. Los 18 años que viví contigo me atravesaron como relámpagos, segundos luminosos en medio de la oscuridad, pero yo me siento trueno y susto. Estoy triste. Un sueño me lo dijo y me volvió a enlutar. Ahora cualquier despedida es una excusa para llorar: el feminicidio de Mayell; un supuesto felino que se extinguió, aunque no me gusten los felinos; el párrafo suprimido del artículo porque si no arriesgo a la gente; el cabello que se sigue cayendo; otro pedazo de piel que dejé en las raíces de los árboles mientras corría; mi hermano diciendo “que mala suerte tenemos”; las veces que dijiste que querías viajar a ver a tus hermanos y nunca pudiste.

Ahora tengo una borrachera de pérdidas.