Voy nadando en las pisadas de mi abuela. A
veces me hundo en mi mundo abisal, pero como tengo miedo de tocar fondo braceo
con fuerza y salgo a la superficie. No sé para qué lo hago, porque cuando el
sol me da en la cara, respiro y no veo la orilla de arena extendida, me siento
perdida. El mar se ha vuelto tan profundo. Lejanas las tierras de otros continentes.
Vamos, venimos, damos, recibimos, estamos y huimos. Contar historias es el principal objetivo de este blog. La finalidad: Estar. [Rostros, crónicas de viaje, poesía]
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lunes, 5 de agosto de 2019
domingo, 26 de mayo de 2019
Rafaela (III)
Cuando se sentaba con su autoridad
aplastada en la mecedora que habíamos comprado durante uno de nuestros viajes,
Rafaela parecía inmortal, la matrona más poderosa del mundo. Salvo por sus
piernas casi siempre forradas de cataplasmas de sábila, menjurjes hechos de
brandy y el cadáver de una serpiente (destinada a flotar por siempre en el
líquido marrón), o de cualquier crema que oliera a mentol. Las varices nunca la
dejaron descansar.
sábado, 29 de septiembre de 2018
Rafaela (II)
Recordar
vuelve el tiempo sagrado.
Kux
loq´olaj ri qíj rumal ri na´tajisanem
(Rosa
Chávez)
En septiembre te me moriste
30 veces, te enterré 30 veces. Los 18 años que viví contigo me atravesaron como
relámpagos, segundos luminosos en medio de la oscuridad, pero yo me siento
trueno y susto. Estoy triste. Un sueño me lo dijo y me volvió a enlutar. Ahora
cualquier despedida es una excusa para llorar: el feminicidio de Mayell; un
supuesto felino que se extinguió, aunque no me gusten los felinos; el párrafo
suprimido del artículo porque si no arriesgo a la gente; el cabello que se
sigue cayendo; otro pedazo de piel que dejé en las raíces de los árboles mientras
corría; mi hermano diciendo “que mala suerte tenemos”; las veces que dijiste
que querías viajar a ver a tus hermanos y nunca pudiste.
Ahora tengo una borrachera
de pérdidas.
lunes, 3 de septiembre de 2018
Agosto
1 y 2
En agosto grabamos las entrevistas para un cortodocumental sobre un decreto que tiene en vilo a los ríos, a la Amazonía, y a nuestra gente. Me dí cuenta de lo disponible que están mis compañerxs de causa, de sus miedos y sus esperanzas, que tambièn son las mìas. En ese interín escribí las pautas, cargué agua, preparé comida para el equipo, me caí por unas escaleras, soñé que mi abuela se moría, conté un montón de vallas de compra y venta de oro y plata, vi muchos atardeceres, y el último día del rodaje, me enfermé. Una puntada me atravesó hasta abajo. Y comenzaron a aparecer los amigos: Carlos Chirinos, Lucy, Rafa e Ignacio, que acompañaron mi dolorosa espera desde el diagnóstico, los exámenes, y la recuperación. Necesité una semana dopada, sin apetito, para comprender que tanta mala noticia enferma, y que el descanso sana.
Sana.
martes, 28 de agosto de 2018
Rafaela
Mi abuela murió el 26 de agosto de 2018. A las tres de la madrugada su cuerpo colapsó y no respiró más. Ese domingo llovió y recordé que siempre decía que eso le pasaba a los que en vida habían comido en una paila: "El día de su muerte lloverá a cántaros y será difícil sacarlo". Ella nunca siguió la advertencia y cada vez que podía comía a sus anchas en una olla.
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