Caracas, martes 22 de marzo de 2020
(Sub-diario de una cuarentena por la pandemia de Coronavirus en Venezuela, día 7, #diariosdeencierro)
Anoche soñé con mi abuela.
Su casa estaba llena de gente y por las escaleras bajaban más y más personas.
Vi a mi abuela sentada en una de las sillas del comedor y me dijo algo que no
recordé cuando desperté. Lloré casi toda la mañana. Hoy es día de agua.
Creo que todos los ancianos muertos por la pandemia de
coronavirus y este recogimiento han hecho que el duelo se despierte de nuevo.
Un año, seis meses y veintiséis días no son suficientes. Creo que cuando
escuché a Ángela Merkel, diciendo en su discurso, que por prevención los
abuelos debían estar separados de los nietos algo se rompió dentro de mí. Mi
abuela me crio, solo me vi separada de ella cuando entré a la universidad.
Todavía no sé qué sería de mí sino recordara todos los saberes que me
transmitió. Esa sal de la tierra que ella esparció en mí.





