Camino por el medio de los armarios de mármol
que guardan a mis muertos. Los velones de parafina y las luces artificiales
danzan en una llama eterna. Benedetta va apoyada en su bastón, Mimí y yo la
seguimos con las flores y la luz. Yo pregunto por una cosa y me responden con
la loza sin nombre. “É per me”, me dice la zia con sus 80 años y sonríe. Yo la
abrazo y le digo que no diga eso. Niego la muerte. Descubro que Mimí no es de
piedra.
Vamos, venimos, damos, recibimos, estamos y huimos. Contar historias es el principal objetivo de este blog. La finalidad: Estar. [Rostros, crónicas de viaje, poesía]
sábado, 2 de noviembre de 2019
jueves, 31 de octubre de 2019
Pomodoro
Me asomo en la puerta. En el taller de zia
Benedetta no hay nadie pero la cocinita está encendida y tiene una olla llena
de tomates en agua hirviendo. En la radio suena una ópera. La zia atraviesa
otra puerta, se acerca a la mesa, saca los tomates de la olla, los pasa a un
envase de plástico y deja que se enfríen. Son pomodoros de su propia cosecha,
los últimos antes de que empiece el invierno, así que no han nacido tan
grandes. Minutos después comienza el trabajo. La piel del tomate en un
recipiente, las semillas en otro y los frutos desnudos en un sartén. Me uno al
proceso. Pelamos decenas de tomates.
Septiembre 2019
En septiembre acogí un temporal. Las gotas
podridas me salpicaron. Mi abuela conmigo ayudándome a cruzar la calle, yo con
mi miedo y mis pies hinchados que no entran en los zapatos, ella deteniendo los carros. La vi en sueños
junto a su casa, las demandas de la gente, los baños, el vómito y el agua
sucia.
Me refugio en Antonia Palacios con su Viaje al
Frailejón, París y tres recuerdos y su poesía. Anoto frases que me guían en
este remolino. Intento verbalizar lo que voy aprendiendo del ecofeminismo y voy
a parar al lado de una comadre de colores indígenas, sabia, llana, purpura, mujer. Gritamos por la vida de la Amazonia en
la movilización mundial por el clima y me preparo para ir hasta ella verde,
frondosa, saqueada, mujer en el estado Bolívar.
viernes, 11 de octubre de 2019
Gran Sabana
Y vuelvo a ti dolorosa, embriagada, saqueada, triste,
manoseada, cercada Gran Sabana. Y me cuesta escuchar el idioma de brisa de las hojas
y los cantos de los grillos, sapos, pájaros. Hay un luto verde suspendido en
este territorio. Un lamento que sacude los cuerpos desde el 22 de febrero de
2019, el 8 de diciembre de 2018, desde hace mucho tiempo atrás. Llanto que
llora a sus muertos, llanto que se junta con las lágrimas de los que atraviesan
por primera vez la sabana para salir de Venezuela, sus ojos se conmueven ante
tanta belleza y el duelo que los empieza habitar sale como cascada para
juntarse con estos nuevos paisajes.
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domingo, 22 de septiembre de 2019
Agosto 2019
Agosto
inició con una gripe que bajó todas mis defensas y me tendió en una cama
(siempre me enfermo cuando termina el primer semestre del año) Encierro y gripe
me lanzaron nuevamente a Paula, una novela de Isabel Allende (para mí, un
diario).
Cuando
Paula, la hija de Isabel Allende, cae enferma, la autora decide escribirle una
carta: “Estaba segura de que mi hija iba a despertar, pero suponía que tal vez
no recordaría su pasado y yo tendría que contárselo. Me propuse explicarle de
dónde venía, cómo era su familia, quiénes éramos los que la amábamos, empezando
por su marido, Ernesto”.
Me
percaté que había empezado a leer este libro en julio pero lo dejé. Para qué me
voy a poner a mirar algo triste, ya tengo suficiente, me dije.
En
agosto ya estaba sumergida en la historia, leía durante horas.
jueves, 19 de septiembre de 2019
Mis 33 en la montaña
A
veces necesito silencio para contemplar mi paso por esta vida. Entonces me abro
camino en la humedad verde del Ávila, escucho el saludo de los colibríes, me
envuelvo en mariposas oscuras y desato el tejido de las arañas en los caminos
poco transitados. Mis pies se hunden en las hojas pastosas del bosque, escalan
rocas y crujen los granos de arena de la Fila Maestra. El viento se mete debajo
de mi camisa, muerde mis senos, me restriega las carnes y tambalea mis
andanzas. Los ojos llenos de Mar Caribe y edificios de ciudad atrapan este
rincón del mundo que habito. Camino y siento que estoy en cada hoja, en cada
piedra, en cada rayo solar, en cada pájaro. Soy todo lo que existe. El espíritu
de mi abuela me observa porque hace tres días ella también cumplió un año de su
paso a otro plano. Por allá, encima del Pico Oriental, pasa envuelta en una
bandada de nubes rumbo al mar. Rafaela siempre fue agua salada. Aferro mis
manos a las piedras para ayudarme. Ignacio va a mi lado. Yo voy dentro, en su
alma.
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